lunes, 7 de febrero de 2022

Zeru Zeru (segunda parte)



Mugi no pudo dormir en toda la noche. Se mantuvo intranquilo, moviéndose de una pared a otra de su zamora.

No podía, no podía dejar a su sobrino en la intemperie, muriendo a merced de la noche. Al final, venció aquel miedo que le impedía abandonar su hogar. Dispuesto a enfrentar las consecuencias de la tribu, fue por el pequeño fantasma. Buscó entre los árboles, en la pradera, en cada cueva, pero no tenía forma de encontrar a su sobrino.

Se lamentó, imaginándose lo peor. Pues, los miembros habían vuelto a la aldea, y con el regreso de ellos, se había apagado el llanto del zeru zeru a la distancia. Eso sólo podía significar una cosa. Pero, de manera empedernida, se negaba a creer aquel final trágico para el pequeño fantasma. Fueron varias noches en las que salió a buscar a su sobrino.

Una tarde, encontró el cadáver de su hermana. Lleno de lágrimas la enterró en el lugar bajo una pila de piedras. Se acuclilló frente a donde yacía Kioni y sintió que su mundo se venía abajo.

— Lo siento — se lamentó, con el corazón lacerado —. No pude protegerlos.

Cuando sintió que sus esperanzas se reducían al mínimo, y sorteaba la opción de abandonar su búsqueda aceptando lo inevitable, escuchó una risa pueril proveniente de una vorágine de maleza cercana. Se acercó con cautela, descubriendo en su interior, una leona acicalando a un cachorro humano, su lengua era la que parecía causarle cosquillas a su sobrino, generando aquella carcajada.

No podía creerlo. ¡Estaba vivo!, y lo más increíble era que una leona lo estaba cuidando.

La madre le gruñó amenazante cuando Mugi extendió las manos para tomar a su sobrino de aquella maraña de cachorros acurrucados. Se detuvo, quedándose inmóvil. No quería lastimar a la leona para recuperar a su sobrino, no después de que haya cuidado de él durante los últimos días. Mugi se acercó con cautela y paciencia, y a pesar de que la leona le gruñó un par de veces, esta dejó que el humano tomara a su cachorro blanco. Pues, era como si supiera que aquel hombre no presentaba ninguna amenaza real.

Tomó al niño y lo abrazó de manera temblorosa contra sí mismo.

— Gracias — dijo en dirección a la leona. Y esta lo miró fijamente, y no despejó sus ojos pardos del par, hasta que desaparecieron de su vista.

Y desde entonces, Mugi cuidó de su sobrino. Se prometió así mismo, esta vez no ser un cobarde, se enfrentaría a la tribu entera si era necesario, pero, no dejaría a su única familia solo. Esperaba ser un padre para el pequeño y que pudiera apoyarse en él.

Por supuesto, los habitantes de la aldea no tomaron la noticia con mucha alegría que el pequeño fantasma haya vuelto a la tribu, pero esta vez, nadie se atrevió a acercarse al pequeño. Un demonio encantador de leones, era algo nunca antes visto y no estaban seguros qué otras cosas aterradoras sería capaz de hacer. Nadie se atrevió a averiguarlo, prefirieron fingir que no existía.

Y así, a quien todos conocieron como Zeru Zeru, creció marginado, los niños huían de él, los adultos lo ahuyentaban o golpeaban para que se alejara de ellos y de sus familias.

— ¡No te quiero cerca!, Zeru Zeru — decían.

— ¡No te atrevas a maldecir mi zamora! — lo amenazaban, a pesar de que ellos le tenían más miedo, que Zeru Zeru a ellos.

Los niños no jugaban con él, los adultos no lo ayudaban si lo veían caer o llorar. Sólo había una persona en la que podía confiar y era su tío Mugi, quien lo había vestido y alimentado durante sus últimos diez años de vida. Y por supuesto, estaba la leona, quien, Zeru Zeru, a veces visitaba en la sabana. Por supuesto, a Mugi no le gustaba mucho la idea de que jugara con aquella leona y sus cachorros, los cuales habían crecido hasta convertirse en adultos. Pero no podía prohibírselo, esa leona lo había salvado, esa leona era su guardián.

Cuando Zeru Zeru cumplió catorce años, fue un día funesto para él. Su madre leona murió. Ya estaba anciana, y era evidente su cercano deceso, pero Zeru Zeru se negaba a aceptarlo.

— Toma. Cúbrete del sol — le dijo su tío, colocando un sombrero sobre su cabeza. Tenía que salir con él, pero ese día había tenido la mente ocupada en un sentimiento de tristeza desgarradora. Su piel se alivió un poco al ser cubierta por la sombra de este. Tenía una maldición: no podía exponerse al sol. Tenía sentido, ya que los fantasmas pertenecen a la noche. Si pasaba mucho tiempo expuesto, le nacían manchas en la cara, ampollas, y de estas salían sangre. Y la visión le quemaba. Había perdido bastante visión, sus ojos estaban como velados por una niebla blanca —. Vivió muchos años, más de los que vive normalmente un león — le dijo Mugi mientras acariciaba su hombro en un signo de consuelo. El hombre lo ayudó a cubrir el cuerpo de la felina con una tumba de piedras y luego lo dejó solo para que llorara, comprendiendo su dolor.

— Alika — la llamó Zeru Zeru al ver a la leona acercarse. La había llamado así porque era la más bella de la camada. Era su hermana, y se había criado junto a ella y los otros cachorros durante su niñez, pero, con Alika siempre había sido más cercano, eran inseparables.

Le acarició el hocico, y la leona recibió los mimos gustosa. Zeru Zeru alejó su mano de ella, cuando Alika saltó asustada y luego se volteó, gruñendo, en dirección a unos árboles.

Allí pudo distinguir a uno de los guerreros que era acompañado por varios hombres que no conocía, y una anciana con ropas muy llamativas. Parecía ser una bruja. Supuso que eran de una tribu vecina. Y desde dónde estaba, pudo escuchar parte de la conversación de ellos.

— ¿Él es el famoso zeru zeru encantador de leones? — preguntó la anciana.

— Lo está viendo con sus propios ojos. Toca a un león y este parece hipnotizado por él. No lo ataca y cumple todas sus órdenes.

— Oh, ya veo. Los rumores eran reales.

— ¡Zeru Zeru! ¡Corre! — escuchó de repente la voz de su tío, quien era arrastrado por dos hombres, este luchaba por escaparse, pero los hombres que lo sometían lo duplicaban en tamaño y fuerza.

— Quiero su piel, sangre y huesos, haré con él las pociones más poderosas.

Y con estas palabras, los hombres que la acompañaban, sacaron de sus ropas grandes machetes. Zeru Zeru abrió los ojos del terror al ver aquellas armas filosas. Su corazón se aceleró y su cuerpo perdió fuerzas. Se quedó, allí, hecho piedra, viendo como los asistentes de la bruja se acercaban a él, blandiendo los machetes en su dirección. Lo desmembrarían.

— ¡No le hagan nada! — gritó Mugi dándole un buen golpe a uno de los hombres. Pero aquella acción, le valió la vida. El hombre que lo sostenía por el hombro derecho, le rebanó el cuello con su machete, matándolo en el acto.

— ¡No!, ¡Mugi! — gritó el fantasma, temblando de la rabia y del miedo.

Alika se interpuso entre los hombres y el niño blanco, impidiendo su ataque. Los hombres se sintieron cohibidos por los enormes dientes de la felina. Lo que les impidió avanzar hacia su objetivo.

— ¡Es increíble!, incluso le ordena a la leona que sacrifique su vida por él — se maravillaba la anciana, excitándose de sólo pensar en las pociones que sería capaz de crear con semejante espécimen —. Maten a la leona y luego tráiganme al chico.

— No, Alika, vete — se preocupó Zeru Zeru, empujándola por la cadera. Pero la felina no se marchó, se negaba a dejar a su hermano a merced de aquellos hombres.

Durante la pelea con la leona, uno de los hombres logró infringirle una grave herida en la pierna de Zeru Zeru, que escurrió sangre hasta manchar la tierra con su color.

— ¿Quién lo diría?, tiene sangre roja — se sorprendió la anciana. Ya que los rumores decían que los zeru zeru tenían sangre de extraños colores.

Ante el grito desgarrador del chico al ser herido, acudieron a escena el resto de sus hermanos felinos.

Todos los presentes se sorprendieron al verse rodeados por media docena de enormes felinos, que los acechaban y gruñían, prometiendo una matanza si no dejaban a su hermano humano en paz.

— Retirémonos — ordenó la bruja, impresionada por aquella escena —. Este es un zeru zeru que está fuera de nuestro alcance.

Y así, temblando del terror por aquella escena fantasiosa, se alejaron, dejando al chico malherido en compañía de sólo los leones.

Se estaba haciendo de noche, así que el joven buscó una cueva donde refugiarse. Alika lo siguió en todo momento y nunca se apartó de él. Se sentó contra la pared de piedra, quejándose del dolor lacerante que le ocasionaba cada movimiento.

Zeru Zeru lloraba de dolor, pero no sólo del que le ocasionaba la herida en su pierna, no, tenía otra mucho más profunda en su corazón y en su mente, al recordar como su tío fue muerto frente a sus ojos. Ahora estaba solo. Nadie iría en su ayuda. ¿Qué sentido tenía volver a la aldea si nadie lo ayudaría? Lo dejarían morir, desangrase en un rincón de la aldea, ignorándole como si no fuera más que… un fantasma.

Pasaron varios días, y la leona hermana se ocupó de darle calor en las noches y comida durante los días. Pero él no podía comer aquellas presas que le traía. Sabía que la carne cruda le caería aún peor en su estado moribundo. Pero, de igual manera, le agradecía el gesto. Ella lo estaba cuidando. Era la única que estaba con él.

Su cuerpo comenzaba a debilitarse, había perdido demasiada sangre. Tenía hambre y sed. Y si bien su herida había dejado de sangrar, esta se había vuelto de un color negra y tenía supuras amarillas. Estaba seguro que ese estado no era nada favorable.

Pasaron varias noches más, y sentía que apenas le quedaban fuerzas para mantener un ritmo constante en su respiración. Algo en él, como una pequeña llama, se estaba extinguiendo. Alika se recostó junto a él, ella lucía algo extraña, entendió de inmediato que estaba preñada por su barriga prominente y en la manera esforzada que respiraba a su lado. Y esa noche, convivió la muerte y la vida en el mismo lugar. Mientras uno moría, la otra daba vida.

Zeru Zeru se aferró a aquella cadena que siempre llevó al cuello. No recordaba a su madre, pero por Mugi sabía que lo había protegido hasta último momento. Una extraña calidez provenía de aquel dije de madera al ceñirlo con su mano. Era como una calidez familiar. Sentía de alguna manera como si tomara la mano de su madre y de su tío Mugi, mientras, daba su último aliento.

El primer aliento se oyó a un lado. Venía en forma de ronroneo mezclado con gruñido. Alika recibió al primer cachorro con un lengüetazo de bienvenida, pasándolo por su pelaje blanquecino. Su primer cachorro había nacido albino.

...


Zeru Zeru (primera parte)

Sus pies corrían velozmente por la tierra, sus sandalias le lastimaban, pero incluso con el dolor lacerante, no se detuvo. Corría, mientras apretaba aquel bulto monstruoso contra su pecho.


Llamó a la zamora. Sentía los murmullos y gritos demasiado cerca.

— ¡Mugi! ¡Ayúdame!

— ¿Kioni? — dijo un hombre saliendo de su choza. Cuando se percató de las antorchas vigías y rastreadoras, no tardó en meter a la mujer al interior de su hogar.

Kioni le mostró aquella aberración que traía entre manos. El laibon saltó hacia atrás, chocando bruscamente con la pared de adobe.

— ¡Por favor! — la mujer lloró desgarradamente — ¡Van a matarlo!

Cuando Mugi se serenó un poco, y le dio una segunda mirada al bebé que traía entre manos, algo en él hizo clic. Buscó entre sus pertenencias, lo tomó en una mano y se acercó a la mujer. Ella tomó la cadena y la miró fijamente.

— ¿Un león? — preguntó extrañada, al ver el dije de madera.

— Tuve una visión hace una semana, donde un niño como un fantasma era protegido por un león. Y desde entonces no he parado un día en tallar este collar.

Kioni, quiso hacerle mil preguntas, pero no pudo, ya que toda la tribu la había encontrado y ahora rodeaba la zamora de Mugi.

—¡Entreguen al zeru zeru!

— Yo intentaré calmarlos — comentó el hombre a la mujer.

Salió de su casa y se paró frente a aquellos hombres y mujeres que estaban alterados.

— Mi tribu, no tenemos que hacer esto.

— ¡Sí, tenemos! ¡Ese engendro es una maldición! — dijo el anciano, quien tenía unas tradiciones muy arraigadas en él, como raíces de un viejo árbol — y tú sabes, Mugi, lo que los zeru zeru hacen a los que le rodean.

— Es cierto que conozco la maldición, pero este niño es diferente. Tuve una visión.

— Lo defiendes porque es el hijo de tu hermana, y el futuro heredero de tu poder — lo acusó el anciano —. No necesitamos un laibon blanco. ¡Buscarás la perdición de nuestra tribu!

Las palabras del anciano enardecieron los corazones de los presentes, quienes gritaron apoyando su causa.

De repente, Kioni pasó corriendo por su costado. Había decidido dejar su escondite, al ver que su hermano no los había hecho entrar en razón.

La turba enfurecida, no tardó en ir detrás de ella.

Kioni se detuvo de súbito, cuando se encontró de lleno con una pendiente. En pocos segundos, se encontró rodeada por toda su gente.

— ¡Kioni!, ¡entrégalo! — mandó el anciano — Kioni, entra en razón, mira nuestras pieles y la piel de ese engendro. Es diferente. Es como un fantasma, blanco como un demonio.

Ella abrazó a su hijito protectoramente. Era un fantasma, pero seguía siendo su hijo.

— Ella también es culpable. Es la madre del demonio. ¡Merece morir también! — dijo uno de los presentes. El anciano pareció meditarlo.

— Alguien que protege a un fantasma, es igual de peligroso que el fantasma — concluyó, y fue un joven guerrero el primero en acometer con su lanza.

Kioni protegió a su hijo, dando su espalda al filo del arma, hiriéndose ella, en lugar de su vástago.

Se escuchó un rugido, que petrificó a los vecinos en el lugar. Kioni, en el suelo, con su bebé llorando a un lado, sacó la cadena que ocultaba en sus ropas y la colocó en el blanco cuello de su hijo.

Y tocando con sus dedos temblorosos el dije de león, pronunció una despedida y una promesa: — Este será tu guardián — y con aquellas palabras escapó su último aliento.

El anciano, al ver que la mujer ya estaba muerta, señaló al engendro blanco.

— Encárguense del zeru zeru.

Pero dicha orden no pudo ser cumplida, ya que el rugido volvió a escucharse, pero esta vez, la fuente hizo acto de presencia, saltando por encima de la pendiente. Una imponente leona rugió enfurecida, era una madre que cerca tenía sus cachorros. Bajó la ladera, y miró al cachorro humano en el suelo, llorando desconsoladamente. Todos esperaron que ella se lo comiera de un bocado, pero esta, sólo se quedó mirándolo fijamente, por segundos tensos que supieron una eternidad. Y sin mucho más, y contra todo pronóstico, la leona se dio media vuelta y volvió a esconderse entre unos matorrales, allí donde se escondía su pequeña familia.

Todos, sin poder creer lo que acababan de presenciar, sintieron temor. Ese engendro no era cualquier zeru zeru, no, este era uno muy temible.

— Ese demonio ha encantado a un león — dijo una mujer incrédula.

— ¿Qué haremos ahora?, no podemos dejarlo vivo.

— Tampoco podemos matarlo — entendió el anciano —. Si vive, traerá desgracia a la tribu, pero si lo matamos… — sintió temor de las consecuencias —. Un zeru zeru tan poderoso, puede vengarse después de la muerte. Después de todo, es la muerte el lugar predilecto para los fantasmas — concluyó y emprendió el camino de vuelta.

Algunos tardaron en seguir los pasos del anciano, pero al final, todos, algunos más tarde que otros, volvieron a la aldea, dejando a la criatura, sola en el frío de la noche.

Zeru zeru siguió llorando, junto al calor del cuerpo de su madre, el cual comenzaba a apagarse con el paso de las horas. Una nueva madre volvió a aparecer a la luz de la noche, al parecer, el llanto del bebé albino no podía dejarla tranquila. Luego de varios minutos de ver al cachorro humano, lo tomó con delicadeza maternal entre sus colmillos y lo llevó hasta su guarida, donde descansaban sus otros cachorros.

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Glosario y significado de nombres

Kioni

Nombre que significa "aquella que ve, que encuentra".

Mugi

Nombre que significa "Aquel que es sabio”.

Alika

Nombre que significa "La más bella".

ZeruZeru

Significa "fantasma o animal del bosque", y es como denominan a la raza albina en África. Son personas marginadas y apartadas de su comunidad, a consecuencia de falsas creencias que dicen ser espíritus que nunca mueren, de naturaleza diabólica, o fruto de un adulterio.

Zamora masai

Los masáis viven en asentamientos llamados zamoras que son círculos de chozas hechas de adobe y ramas para encerrar el ganado. Las chozas se construyen con unos ladrillos preparados a base de excrementos de animales, paja y barro a fin de impermeabilizarlos y endurecerlos.

Laibon

La principal autoridad religiosa para los Maasai y Samburu es el Laibon, que cumple las funciones de médico, adivino, experto en rituales, proveedor de encantos y medicinas y consejero espiritual.

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Escribí este relato para homenajear a aquellas valientes personas que deben enfrentarse a uno de los estigmas más crueles de África. La discriminación y el peligro a las personas albinas es real en aquel continente. La violencia no tiene ni género ni color, sólo ignorancia y maldad. No existen colores ni géneros malos, no nos confundamos, las personas son las únicas que hacen daño sin importar qué, ellas siempre buscarán una razón para herirnos. 
Si les gustaría conocer más sobre los albinos en África les dejo el siguiente documental: https://www.youtube.com/watch?v=mZt8q3ySVN0

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Esta es la primera parte de la historia de Zeru Zeru, aquí pueden leer la continuación del microrrelato y su conclusión: https://librospuenteaotrosmundos.blogspot.com/2022/02/zeru-zeru-segunda-parte.html

martes, 25 de enero de 2022

El examen imposible

Había sólo dos opciones: héroe o villano. Entonces ¿por qué demonios siempre desaprobaba? Algo me decía que de nuevo había fallado.

Snape, el profesor, se paró a un lado, de brazos cruzados. Tomó la hoja de mi prueba y negó con decepción. 

—Señor Wilson, a este paso nunca será ingresado a su propio universo — me reprendió con severidad y luego siguió mirando los pupitres de los demás con la misma dureza.

Cuando recibimos nuestros exámenes de vuelta, miré a mis compañeros.  

— ¿Qué les tocó a ustedes? — les pregunté.

— Villano — dijo el joven Skywalker — y mi universo es Star Wars.

— ¡Suena genial, una guerra en las galaxias! Yo soy el héroe de un libro llamado El Señor de los Anillos. Me pregunto si se tratará de un señor que tiene muchos anillos. No suena muy interesante — dijo algo decepcionado — ¿Y tú?, ¿qué tal te fue?

Bajé la mirada, otra vez había fallado.  

— No te preocupes, Wade, estoy seguro que habrá algún universo por allí que será perfecto para ti.   

— Gracias, Frodo — le agradecí.

— Sí, el enano tiene razón — dijo Anakin.

— No soy un enano, soy un hobbit — le aclaró este, pero ninguno de los dos sabíamos qué era eso.

Y Frodo Bolsón tenía razón. Al final, logré entrar a mi propio universo, pero mi papel era de lo más extraño.    

— ¿Qué diablos es un antihéroe? — me pregunté al ver la calificación sobre el examen.

— Es como un héroe, solo que menos insulso — me contestó el profesor Severus Snape.

— ¡Genial!    

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Este relato de 248 palabras fue escrito para el "Microrretos: FAN FICTION" de la página: https://concursoeltinterodeoro.blogspot.com/2022/01/microrretos-fan-fiction.html 

viernes, 10 de diciembre de 2021

Una Cálida Navidad

 


Definitivamente, esa familia tiene una cálida navidad. Todos se ven alegres, sus sonrisas lo denotan. Todos ríen a carcajadas, en torno a una enorme mesa familiar, repleta de los mejores y más suculentos banquetes que he visto en mi vida. El tradicional pavo no puede faltar, imperando en la mesa, con su piel dorada y ornamentada con exquisitas especias. Las ensaladas, hay desde saludables a empalagosas, y debo decir que mis ojos se van, sin disimulo, de un plato a otro.    

Mi estómago gruñe sonoramente. Los que me rodean ríen a carcajadas.  

— Todos tenemos hambre — bromea uno de ellos, olfateando el aire, percibiendo la estela del aroma de una cena suculenta.    

Continúo analizando aquella familia simpática, que, evidentemente, son muy felices.

Tienen un enorme árbol de navidad, hermoso y extravagantemente decorado, que combina a la perfección con las luces de colores que cuelgan en la pared y ventanas más cercanas. Ventanas, que dan un cuadro nevado propio de fantasía, a través de sus lúcidos cristales. Los pinos cubiertos de nieve y las calles con velos blancos. Todo es precioso.   

La familia se ha puesto de acuerdo para vestir buzos con motivos navideños que combinen. Una de las niñas tiene estampados de renos, la abuela, con aires modernos, luce una chaqueta de lana blanca nívea, con decorados de copos de nieve. ¿Y la madre?, la madre viste el buzo más divertido de aquella familia, que porta tantos colores y formas en esa lana como le es posible.        

Pero, los platillos y la decoración, no es lo más importante en esa cena, no, lo verdaderamente importante esta noche es el amor y la familia. Eso puedo entenderlo bien con sólo observarlos. En sus ojos achinados y brillosos, en las miradas de ternura del esposo a la esposa, definitivamente llevan enamorados desde hace años, en cómo la nieta le da un abrazo infinito a su abuelo, y este la llena de mimos, y, finalmente, en cómo la hermana mayor, con un carácter servicial, se asegura que nadie fuera lo suficientemente vergonzoso como para quedarse sin comer.       

Es una atmósfera hermosa, envidiosa, cálida. ¡Eso es lo que yo llamo una cálida navidad!, creo que ya lo dije, pero ver como esa familia se quiere tanto… Se ven tan cálidos y felices…, eso hace que un nudo se forme en mi garganta. Y lo entiendo, ya que duele, ya que…

— ¿Cuándo vas a tirarlo al fuego? — mi fuero interno detiene aquella descripción al ser interrumpido por la voz del hombre que me mira expectante.  

Por la impresión, guardo un segundo de silencio, uno que se torna incómodo a medida que el hombre no aparta la vista de mí. Decido responderle cuando al fin pude recuperarme un poco de mis emociones, y ese nudo ya no me molestaba tanto.    

— Sí, ahora mismo lo hago — le aseguro, obteniendo una respuesta aliviada de parte de mi interlocutor.  

Antes de proceder, vuelvo a mirar esa imagen publicitaria en la revista, al parecer intentan vender árboles de navidad, o algo así, y sin perder más tiempo tiro la revista, con familia y todo al barril metálico que contiene un improvisado fuego, en medio de una noche fría y oscura. Luego acerco mis dedos, medianamente enguantados, a las llamas. Mis compañeros, sucios y mal vestidos, tiritando al castigo de la noche, me imitan. Siento como la piel de mis dedos queman. Esa será la única calidez que sentiré en esta noche de navidad.    

 


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Este relato fue escrito para el "CONCURSO DE RELATOS, XXIX Edición: CUENTO DE NAVIDAD de CHARLES DICKENS". 
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Luego de terminar de escribir el relato, y me quedara con un final tan sombrío y melancólico, me pregunté: ¿cómo diablos haré para desearles una feliz navidad con esta historia tan cruda?, mejor dicho, ¿está bien que les desee una feliz navidad?, y la respuesta es un rotundo sí, pues, y como dice el protagonista de esta historia: “los platillos y la decoración, no es lo más importante en esa cena, no, lo verdaderamente importante esta noche es el amor y la familia”, así que amen y usen estas fechas para ser felices y hacer el bien.

Por último, quiero recomendarles una película que fue algo de inspiración para este relato: Tokyo Godfather. Se trata de una animación japonesa, dónde los protagonistas son tres indigentes que encuentran un bebé abandonado en la noche de navidad. Realmente, no tiene desperdicio la película, ya que es una opción diferente en el largo repertorio de películas navideñas, y, definitivamente, merece la pena darle una oportunidad.       



Un saludo y felices fiestas.    

domingo, 7 de noviembre de 2021

El gnomo

 

Coloqué aquel muñeco de yeso en el jardín. Tenía un rostro inquietante. Fue eso lo que me impulsó a comprarlo.    

— ¡Gyaaa! — se escuchó un grito, parecido al graznido de una arpía, desde la verja de entrada — Esas cosas, se adueñan primero de tu jardín y, luego, ya no serás tú el dueño de tu casa. ¡Deshazte de él mientras puedes!   

Yo ignoré su advertencia. No tenía ningún sentido las palabras de una sexagenaria supersticiosa.

Esa noche, me desperté al sentir que algo golpeaba la ventana de mi habitación. Creí percibir una pequeña sombra del otro lado de la ventana, era como si me observara.    

Desde esa noche comenzaron a pasar cosas extrañas: macetas rotas, zapatos desaparecidos, objetos cambiados de lugar, el piso lleno de tierra del jardín, entre otras cosas.  

— Está echándote de tu casa — me informó la anciana, otro día.  

No, no quería creerle, pero… se me hacía imposible seguir viviendo en esa casa, sentía que, efectivamente, alguien me estaba echando.

Tomé a aquel gnomo de mi jardín, lo envolví en una bolsa de trapo y lo arrojé en un río que quedaba a varios quilómetros de mi casa.   

Era de noche cuando volví. Revolví mis bolsillos, pero no encontré la llave de la verja. Levanté la vista al sentir que algo se movía en el jardín. Era ese muñeco de yeso, estaba mirándome fijamente, con aquella horrenda sonrisa perversa, con su pico en una mano y, en la otra, las llaves de mi casa. No, de su casa.   

martes, 5 de octubre de 2021

Multidimensional (recorte)



La obsesión de Murphy había surgido una fría noche de octubre. Como acostumbraba, salía al pórtico de su casa de campo a fumar su pipa, mirando a las perennes y misteriosas estrellas.

Su contemplación fue interrumpida, cuando una estrella en particular llamó su atención. No, esta no era una estrella común. Tenía movimiento y su trayectoria era completamente antinatural. 

La luz bailarina desapareció de repente. Murphy se mantuvo expectante, pero la estrella nunca volvió a hacer acto de presencia.  

Esa noche, Murphy no pudo conciliar el sueño.

Murphy, como buen hombre de intelecto, no podía dejar pasar un fenómeno semejante como si no tuviera ninguna importancia.

Esa misma madrugada, el profesor Murphy se levantó de su lecho, asustando a su adormilada esposa en el proceso. Ignoró el regaño que vino de su cónyuge, y sin perder más tiempo, se internó en su laboratorio.  

Pasaban las horas, y sus labios se encogían con frustración, al borde de la locura, a un paso de resignarse y dejar aquella ambición de lado.

— En una hora estará lista la comida. Sino sales de esa pocilga, te sacaré yo a la fuerza y te llevaré a la mesa a rastras — Murphy frunció el ceño al verse interrumpido por su mujer. Entendía su enojo, cuando él se encerraba en su laboratorio era como si el tiempo se detuviera.

— ¿Tiempo? — se dijo a sí mismo — ¡Ahora no, mujer! ¡He encontrado la solución!

Su esposa rezongó unos minutos, pero no tardó en darse por vencida, sabía que cuando su esposo entraba en su papel de loco científico era imposible devolverlo a la realidad.   

Horacio Murphy giró su cabeza y clavó los ojos en aquel cuadro que colgaba en la pared. Un hombre canoso, despeinado, lo miraba divertido y le sacaba la lengua.  

Las ideas vinieron a su cabeza como un rayo.

— ¡Por supuesto! — se dijo — ¡La teoría de la relatividad plantea al tiempo como la cuarta dimensión!, pero si nosotros somos tridimensionales, ¿cómo somos capaces de percibir la cuarta dimensión? — Murphy abrió los ojos comprendiendo todo — ¡Percibimos su sombra! ¡Eso es! Los días, el pasado, el envejecimiento, son la sombra de la cuarta dimensión — el profesor se llevó los dedos al mentón, mientras terminaba de acabar la idea en su cabeza — Un ser cuatridimensional sería capaz de ver el tiempo por completo, no sólo su sombra. Vería el pasado, presente y futuro al mismo tiempo. Sería Dios”.   

Murphy se removió nerviosamente. Sentía que había hecho un descubrimiento que le estremecía las entrañas. ¿Acaso esa podría ser la explicación de un ser omnisciente? ¿Y qué fue esa luz, entonces?, ¿una sombra de un ser multidimensional?, ¿cuántas dimensiones más existían?, ¿los fantasmas podrían entonces ser sombras de seres que han trascendido la tridimensionalidad…?, Y lo más importante: ¿habría manera de poder percibir aquellos seres en su totalidad y no sólo sus meras sombras?     

Horacio volvió a clavar los ojos sobre aquella imagen del hombre sacando la lengua.    

— ¡Por supuesto! — gritó eufórico, y en un ataque de frenesí, besó al vejete del poster en la frente — ¡Gracias, Albert!

¡Lo había entendido!, ¡la respuesta eran los agujeros de gusanos!, por estos, supuestamente, se podría viajar en la cuarta dimensión, por el tiempo, en toda su extensión y dimensión. ¿Y si fuera capaz de abrir agujeros de gusanos a la quinta, sexta y séptima dimensión?

Sin perder más tiempo se puso manos a la obra. Volcó todo su cerebro y conocimientos de años en un sólo artefacto. Fue una trabajosa labor que le llevó décadas de culminar, pero al final, lo logró.  

Frente a él se hallaba el portal. Era como una puerta circular. Sólo necesitó activar el interruptor y del centro del marco, centelló una cortina que comenzó a girar sobre sí misma.

¡Lo había logrado!

Se adentró a dicho portal. Él sería el inventor y el conejillo de indias al mismo tiempo. La sensación, que su cuerpo experimentó al traspasar dicho umbral, fue inefable para la mente humana. Podía sentir cada partícula de su cuerpo descomponerse y componerse, sentir el tiempo en él y a su alrededor, ver el espacio de manera completa. Lo que tenía delante, detrás, arriba y debajo al mismo tiempo. Veía el principio y el fin de cada ser y objeto a su alrededor.    

Los ojos de su alma captaron el mundo entero, y allí vio seres que creyó parte de mitología, de ciencia ficción y de cuentos de hadas, pero eran reales, existían en esa dimensionalidad. Dragones, hadas, pequeños seres grises con cabezas grandes y ojos almendrados, ángeles, demonios, las almas de los muertos.

Pero hubo en toda esa dimensionalidad, algo que no pudo ver. Algo que ya no existía. El agujero de gusano se había cerrado. Sólo era un viaje de ida. El camino a la trascendencia no admite retrocesos. 

Había trascendido la tercera dimensión. Su cuerpo material se había perdido en el agujero de gusano y ahora quedaba sólo su espíritu multidimensional. Pero los seres dimensionales más pequeños, como su esposa, no podían verlo, no podían percibirlo ya.   

Su mujer lo buscó por días. Lloró, denunció su desaparición a la policía, incluso oró y ayunó, pero nunca fue capaz de encontrarlo. A veces creía percibir el fantasma de su esposo, asechándola, como si le gritara algo, algo que nunca podía comunicar. Eso la asustaba a horrores, ya que sólo podía pensar que él había muerto y su cuerpo desaparecido misteriosamente.


                                                   ... 


Esta es la versión recortada (897 palabras) que aplica para el CONCURSO DE RELATOS, XXVIII Edición: LA GUERRA DE LOS MUNDOS de H.G. WELLS.

La consigna consistía en incorporar al relato un ser extraterrestre. Y la pregunta que ha guiado el desarrollo de la trama se basó en: ¿de dónde provienen los extraterrestres?

Esa pregunta me llevó a pensar en todas aquellas criaturas y seres de los que algunas ves creímos ver. Talvez las hadas existen, sólo que se encuentran en otra dimensión, al igual que los ángeles, los extraterrestres y el mismo Dios. Tal vez no somos capaces de entenderlo aún porque nuestros cuerpos tridimensionales no poseen la capacidad de percibir las otras dimensiones. ¿Y si los mitos, leyendas y religiones son testimonios de aquellas sombras, que se dejan entrever en nuestra pobre tridimensionalidad?, nunca tendré una respuesta.

Pero de algo estoy segura, y eso lo teorizo al final del relato: de la muerte no hay retorno. Una vez que dejemos nuestro cuerpo tridimensional atrás, será tomar un camino de un solo sentido.

Pueden leer el relato completo en la siguiente entrada:

https://librospuenteaotrosmundos.blogspot.com/2021/10/multidimensional.html?showComment=1633473724165#c285138082297526536 



Multidimensional

La obsesión de Murphy había surgido una fría noche de octubre. Como acostumbraba, salía al pórtico de su casa de campo a fumar su pipa, mirando a las perennes y misteriosas estrellas. Había tomado dicha costumbre después de que su esposa asmática lo regañara un centenar de veces, por darse a su vicio dentro de la casa.

Sus ojos estaban tan acostumbrados a ver a aquella bóveda negra de puntos brillantes, que, si se propusiera, podría pintar aquella imagen nocturna de memoria sobre un lienzo limpio.

Su soliloquio fue interrumpido, cuando una estrella en particular llamó su atención. No, esta no era una estrella común, no, incluso dudaba siquiera que se tratara de una estrella en primer lugar. Tenía movimiento y su trayectoria era completamente antinatural y salida de cualquier lógica. 

— Sólo algo inteligente podría moverse de aquella manera — masculló aún sosteniendo la pipa con los labios.

La luz bailarina dio una última voltereta para desaparecer por completo. Murphy se mantuvo expectante, esperando por su segundo acto astral, pero la estrella nunca volvió a hacer acto de presencia.

Esa noche Murphy no pudo conciliar el sueño. La imagen de esa estrella y su extraño baile se repetía en su mente, una y otra vez.

Murphy, el profesor Murphy, mejor dicho, era un hombre de ciencias. Había tenido una larga trayectoria estudiando las ciencias exactas y otra más dando clases a alumnos de elevados intelectos. Y como buen hombre de intelecto, no podía dejar pasar un fenómeno semejante como si no tuviera ninguna importancia.

Murphy, era profesor de física y tenía una gran afección por los estudios científicos y las invenciones tecnológicas. Y, como nunca en su vida, sintió que por fin había encontrado el verdadero sentido a sus conocimientos y habilidades, no podía gastarlas sólo enseñándole a adolescentes, no, él estaba destinado a ser mucho más.

Esa misma madrugada, antes de que cantara el gallo en su gallinero, el profesor Murphy se levantó de su lecho como un poseso, asustando a su adormilada esposa en el proceso. Ignoró el regaño que vino de su cónyuge, y sin perder más tiempo, se internó en su laboratorio, del cual estaba seguro que no saldría hasta obtener una respuesta, que por lo menos, lo dejara satisfecho.

Sus estudios comenzaron por la astronomía. Revisó centenares de manuales y enciclopedias que desarrollaban estudios sistemáticos y profundo sobre el éter y todo cuerpo sideral que lo compone. Pero cuántas estrellas, planetas, materia oscura estudiaba más se convencía de estar errando en la materia. Murphy sentía que nada de eso lo convencía. Un planeta, un asteroide e incluso una estrella, nunca tendría un comportamiento tan errático e improbable.

Siguió con las matemáticas, era imposible hallarle una fórmula, una operación que diera una respuesta a dicha trayectoria. ¿Acaso dicho objeto era capaz de burlar a la gravedad?

Al final, y con menos interés, pues, nunca creyó que su respuesta podría hallarse en tales ramas científicas, le dio una oportunidad a la física.

Pasaban las horas, y sus labios se encogían con frustración, al borde de la locura, a un paso de resignarse y dejar aquella ambición de lado, pero algo en él despertó aquello que necesitaba para saber cómo estudiar a aquella estrella loca.  

— En una hora estará lista la comida. Sino sales de esa pocilga, te sacaré yo a la fuerza y te llevaré a la mesa a rastras — Murphy frunció el ceño al verse interrumpido por su mujer. Entendía su enojo, cuando él se encerraba en su laboratorio era como si el tiempo se detuviera.

— ¿Tiempo? — se dijo a sí mismo.

— ¿Qué? ¿Qué diablos dices, Horacio?

— ¡Ahora no, mujer! ¡He encontrado la solución!

Su esposa rezongó unos minutos, pero no tardó en darse por vencida, sabía que cuando su esposo entraba en su papel de loco científico era imposible devolverlo a la vida real hasta que este obtuviera su cometido.  

Tiempo, ¿qué es una hora?, se preguntó. El presente no es más que una sombra del tiempo.

Volvió a las bases dimensionales de la física. Un ser tridimensional es capaz de percibir la dimensionalidad a la que pertenece y a las menores a estas adyacentes. Pero, ¿qué sucede con la cuarta y la quinta dimensión?

Horacio Murphy giró su cabeza y clavó los ojos en aquel cuadro que colgaba en la pared. Un hombre canoso, despeinado, lo miraba divertido y le sacaba la lengua.   

Las ideas vinieron a su cabeza como un rayo.

— ¡Por supuesto! — se dijo — ¡La teoría de la relatividad plantea al tiempo como la cuarta dimensión!, pero si nosotros somos tridimensionales, ¿cómo somos capaces de percibir la cuarta dimensión? — Murphy abrió los ojos comprendiendo todo — ¡Percibimos su sombra! ¡Eso es! Los días, el pasado, el envejecimiento, son la sombra de la cuarta dimensión — el profesor se llevó los dedos al mentón, mientras terminaba de acabar la idea en su cabeza — Un ser cuatridimensional sería capaz de ver el tiempo por completo, no sólo su sombra. Vería el pasado, presente y futuro al mismo tiempo. Sería Dios — abrió los ojos y recitó de memoria — “Y en Tu libro se escribieron todos Los días que me fueron dados, Cuando no existía ni uno solo de ellos”.  

Murphy se removió nerviosamente. Sentía que había hecho un descubrimiento que le estremecía las entrañas. ¿Acaso esa podría ser la explicación de un ser omnisciente? ¿Y qué fue esa luz, entonces?, ¿una sombra de un ser multidimensional?, ¿cuántas dimensiones más existían?, ¿los fantasmas podrían entonces ser sombras de seres que han trascendido la tridimensionalidad…?, Y lo más importante: ¿habría manera de poder percibir aquellos seres en su totalidad y no sólo sus meras sombras que son dejadas por accidente en nuestra tercera dimensión?    

Horacio volvió a clavar los ojos sobre aquella imagen del hombre sacando la lengua.    

— ¡Por supuesto! — gritó eufórico, y en un ataque de frenesí, besó al vejete del poster en la frente — ¡Gracias, Albert!

¡Lo había entendido!, ¡la respuesta eran los agujeros de gusanos!, por estos, supuestamente, se podría viajar en la cuarta dimensión, por el tiempo, en toda su extensión y dimensión. ¿Y si fuera capaz de abrir agujeros de gusanos a la quinta, sexta y séptima dimensión?

Sin perder más tiempo se puso manos a la obra. Volcó todo su cerebro y conocimientos de años en un sólo artefacto. Fue una trabajosa labor que le llevó décadas de culminar, pero al final, lo logró.  

Frente a él se hallaba el portal. Era como una puerta circular. Sólo necesitó activar el interruptor y del centro del marco, centelló una cortina que comenzó a girar sobre sí misma.

¡Lo había logrado!, ¡tenía un pequeño y personal agujero de gusano en su laboratorio!

No tardó más en adentrarse a dicho portal. Él sería el inventor y el conejillo de indias al mismo tiempo. La sensación, que su cuerpo experimentó al traspasar dicho umbral, fue inefable para la mente humana. Podía sentir cada partícula de su cuerpo descomponerse y componerse, sentir el tiempo en él y a su alrededor, ver el espacio de manera completa. Lo que tenía delante, detrás, arriba y debajo al mismo tiempo. Veía el principio y el fin de cada ser y objeto a su alrededor.    

Los ojos de su alma captaron el mundo entero, y allí vio seres que creyó parte de mitología, de ciencia ficción y de cuentos de hadas, pero eran reales, existían en esa dimensionalidad. Dragones, hadas, pequeños seres grises con cabezas grandes y ojos almendrados, ángeles, demonios, las almas de los muertos. Se encontró con su madre y padre muertos y pudo verlos y hablar con ellos.

Pero hubo en toda esa dimensionalidad, algo que no pudo ver. Algo que ya no existía. El agujero de gusano se había cerrado. Sólo era un viaje de ida. El camino a la trascendencia no admite retrocesos. 

Había trascendido la tercera dimensión. Su cuerpo material se había perdido en el agujero de gusano junto con este y ahora quedaba sólo su espíritu multidimensional, capaz de ver y pertenecer a cada dimensión. Pero los seres dimensionales más pequeños, como su esposa, no podían verlo, no podían percibirlo ya.  

Su mujer lo buscó por días. Lloró, denunció su desaparición a la policía, incluso oró y ayunó, pero nunca fue capaz de encontrarlo. Sólo, de vez en cuando, creía percibir fugazmente el fantasma de su esposo, asechándola, como si le gritara algo, algo que nunca podía comunicar. Eso la asustaba a horrores, ya que sólo podía pensar que él había muerto y su cuerpo desaparecido misteriosamente.     

 


He escrito este cuento para el CONCURSO DE RELATOS, XXVIII Edición: LA GUERRA DE LOS MUNDOS de H.G. WELLS.

La consigna consistía en incorporar al relato un ser extraterrestre. Y la pregunta que ha guiado el desarrollo de la trama se basó en: ¿de dónde provienen los extraterrestres?

Esa pregunta me llevó a pensar en todas aquellas criaturas y seres de los que algunas ves creímos ver. Talvez las hadas existen, sólo que se encuentran en otra dimensión, al igual que los ángeles, los extraterrestres y el mismo Dios. Tal vez no somos capaces de entenderlo aún porque nuestros cuerpos tridimensionales no poseen la capacidad de percibir las otras dimensiones. ¿Y si los mitos, leyendas y religiones son testimonios de aquellas sombras, que se dejan entrever en nuestra pobre tridimensionalidad?, nunca tendré una respuesta.

Pero de algo estoy segura, y eso lo teorizo al final del relato: de la muerte no hay retorno. Una vez que dejemos nuestro cuerpo tridimensional atrás, será tomar un camino de un solo sentido.

Link del concurso: 

https://concursoeltinterodeoro.blogspot.com/2021/10/laguerradelosmundosconcursoderelatos.html