sábado, 7 de mayo de 2022

Resurge un extraño artículo del pasado

 No es secreto que cada tanto las modas del pasado, que pensamos olvidadas, siempre encuentren la forma de revivir. El 2032 nos ha sorprendido a todos desempolvando de los estantes de “olvidados” uno de los artículos más extraños y usados en las décadas pasadas. Sí, estamos hablando de los libros.   

Están en boca de todos y todos quieren uno de estos olvidados contenedores de información. Las tiendas de antigüedades han estado saturadas de clientes estos últimos días para adquirir uno de estos artilugios orgánicos.   

Ya que hemos recibido muchos comentarios de los lectores porque no saben cómo “encenderlos”, a continuación, se detallarán los pasos a seguir:  

1: No busque una entrada USB en la tapa del libro. Este artículo no necesita de baterías ni de energía para funcionar. ¡Genial!, ¿verdad?   

2: Tampoco busque un botón de on. El libro no se enciende, se abre. Simplemente debe girar la tapa hacia la izquierda para poder ver el contenido de su interior.

3: Procure encontrarse en una habitación suficientemente iluminada, ya que el libro no posee pantalla de LED ni LCD. Es decir, que no se ilumina por sí mismo, sino que usted debe procurarle una luz externa.

4: Lea de arriba abajo, y de izquierda a derecha. Cuando termine la lectura de la primera página, no deslice su dedo por la superficie, ya que no posee la función táctil. Sólo debe girar la hoja como hizo con la tapa, y así con las siguientes.  

5: ¡Listo!, disfrute de su lectura.  





domingo, 10 de abril de 2022

Demasiado cerca


— Ha habido un nuevo caso esta madrugada. Ven a la escena del crimen — me informa mi compañera Daniela, al otro lado de la línea — ¡No vuelvas a dormirte, Blas Simon!

Luego de cortar la llamada, me siento en la cama, desperezándome. No tardo en percatarme que mi despertador se halla en el suelo otra vez. Lo tomo y vuelvo a colocarle una pieza que se salió, seguramente en el impacto. 

Voy hasta el placar que se encuentra a unos metros de la cama. Allí selecciono un traje pulcramente cuidado y me visto con él, de manera perezosa.

Llegué a la escena. Pasé por debajo de las cintas de seguridad, haciendo equilibrio con mi taza de café.

— El mismo modus operandi — me saluda mi compañera.

— Buenos días, Daniela. Sí, yo también dormí bien — dije a modo de broma. Daniela es una obsesiva del trabajo, tanto que a veces se le olvida la cortesía más básica.

Ella ignora mi comentario y continúa relatando los hechos.

— La víctima se llama Daiana Ortíz. El asesinato sucedió entre las doce y las tres. Los cortes que presenta en el cuello parecen estar hechos con la misma arma punzocortante de los anteriores casos. Un punzón o un picahielo, talvez.

— No es nada nuevo… — digo con algo de frustración. Pues, es de los asesinos más limpios a los que nos hemos enfrentado, nunca deja pistas.

— No, esta vez sí tenemos algo nuevo — dice y me señala con la vista una cámara de seguridad.

Luego de revisar los archivos, hicimos copia de la figura del sospechoso. No era más que la sombra de un hombre encapado y con una galera antigua.

— ¿Dónde he visto esa galera antes? — me pregunto a mí mismo.

Desde entonces comienza en mí un extraño frenesí por atrapar a aquel hombre. Puede que Daniela haya contagiado algo de su obsesión por el trabajo en mí. Me cuesta conciliar el sueño más que nunca, sospecho de todos.

— ¿Otra vez has tenido insomnio, Blas? Deberías relajarte un poco.

— Es bastante irónico que lo aconsejes tú.

— Es cierto que le dedico mucho tiempo al trabajo, pero yo no soy la que tiene problemas para dormir — me regaña, en eso tengo que darle la razón.

Miro a Daniela, que se centra en revisar una vez más la evidencia que tenemos. Lo hemos repasado todo más de cien veces, pero parece que el tipo de la galera no hace más que reírse de nosotros.

Suspiro con frustración. Pensar que ese tipo nos está tomando el pelo, me pone de muy mal humor.

Mi compañera deja los papeles en la mesa y se centra en mí de manera curiosa.

— Nunca te vi tan obsesionado por un caso — afirma. Es obvio que busca explicaciones de mi parte para mi extraño cambio de hábitos laborales —. Blas Simon ha pasado de ser un detective flojo a un detective diligente, parece demasiado bueno para ser verdad.

— Es que este asesino lo siento muy cerca…, demasiado cerca — no tengo manera de explicarlo. Pero siento que ya lo conozco, y me hierve la sangre pensar que se está burlando de mí, justo en frente de mis narices.


Decidí investigar por mi cuenta. Sí, sé que es arriesgado, pero sentía que no íbamos a ninguna parte.

Es de noche. Por suerte el abrigo que llevo me protege bastante del frío invernal. He estudiado tanto el caso que siento que conozco al asesino como a la palma de mi mano, incluso, me atrevo a especular en los lugares que podría atacar a su siguiente víctima.

Siempre la misma historia. Atacaba a una mujer en algún callejón oscuro a las doce de la noche. De preferencia delgadas, de cabello castaño y estatura mediada. Una descripción muy similar a la mía, debo reconocer, por eso estoy segura que mi plan funcionará.

Por supuesto que estoy sola. Blas me regañaría si se entera de mi osadía y volvería a tacharme de obsesiva con el trabajo. Pero, esto lo hago más por él que por mí, pues… no me gusta verlo tan estresado últimamente.

Estoy segura que si atrapo al asesino, Blas volverá a ser el mismo de antes. Me preocupa su estado anímico.

Agudizo el oído cuando escucho que unos pasos me siguen de cerca. Utilizo, discretamente, un espejo para espiar a mi espalda. ¡Es el asesino!, lo reconozco por su galera.

Finjo no escucharlo, y guio mis pasos y los de él a un callejón sin salida.

Giro sobre mi propio eje y le apunto con mi arma.

— ¡Entrégate ahora!

El tipo de la galera no parece dispuesto a colaborar, todo lo contrario, saca del interior de su capa un picahielo. ¡Estaba en lo cierto con el arma!

El hombre se abalanza en mi dirección con el arma en alto, con evidentes intenciones de cometer, conmigo, su siguiente crimen. Pero yo no se lo permitiré. Disparo tres veces sobre su pecho, hasta que cae inerte sobre el suelo.

Me acerco al cadáver, le retiro la galera para poder ver mejor su rostro.

— ¡No, no puede ser! ¿Blas?


Vuelvo a despertar. Tengo sed. Mucha sed.

Tiro ese estúpido despertador junto a la cama. ¡Cuánto lo odio!

Camino hasta el placar que se encuentra a unos metros. Corro los trajes pulcramente cuidados y descubro una pared falsa. La quito y revelo el secreto que guarda: una capa negra y una galera antigua.

Tengo sed de sangre y esta noche voy a saciarme.





Este relato obtuvo el 8° lugar en el "CONCURSO DE RELATOS XXXI Ed. EL HALCÓN MALTÉS de DASHIELL HAMMETT" 

lunes, 7 de marzo de 2022

La venganza


Subió a la terraza, ya que muchos huéspedes se habían quejado que no podían dormir por unos graznidos. Allí, encontró a un cuervo con su nido. Lo ahuyentó haciendo que volara hasta el muro cercano, graznando improperios.

Cuando tomó aquel tazón de ramitas, sintió unos aleteos sobre su cabeza. Atosigado por el cuervo, soltó el nido al suelo, haciendo que se estrellara su contenido contra el concreto. Aquel crimen pareció enloquecer aún más a la madre, quien atacó al asesino en una vorágine de picotazos.  El conserje, cubriéndose el rostro, volvió al ascensor.  

Si antes un solo cuervo era un problema, ahora cientos lo eran mucho más. Mandado una segunda vez por las quejas de los huéspedes, subió al techo. Su cuerpo se petrificó al comprobar que había una bandada instalada en toda la terraza. Hacían un gran bullicio, el cual detuvieron de súbito al percatarse que alguien había interrumpido en su santuario. El conserje, se sintió observado por cientos de ojos negros y bermejos, ese instante de quietud no duró mucho, ya que cientos de cuervos se vinieron sobre él.   

Corrió hasta el ascensor, pero esta vez no tuvo tanta suerte, los cuervos entraron con él.

En la planta baja se escuchó un grito, cuando al abrirse la puerta del ascensor salieron decenas de aves negras que aletearon por todo el lugar. Cuando las aves lograron escapar de la recepción, un segundo grito se escuchó, habían encontrado el cuerpo del conserje en el elevador, sin ojos y con la carne mutilada.   

lunes, 7 de febrero de 2022

Zeru Zeru (segunda parte)



Mugi no pudo dormir en toda la noche. Se mantuvo intranquilo, moviéndose de una pared a otra de su zamora.

No podía, no podía dejar a su sobrino en la intemperie, muriendo a merced de la noche. Al final, venció aquel miedo que le impedía abandonar su hogar. Dispuesto a enfrentar las consecuencias de la tribu, fue por el pequeño fantasma. Buscó entre los árboles, en la pradera, en cada cueva, pero no tenía forma de encontrar a su sobrino.

Se lamentó, imaginándose lo peor. Pues, los miembros habían vuelto a la aldea, y con el regreso de ellos, se había apagado el llanto del zeru zeru a la distancia. Eso sólo podía significar una cosa. Pero, de manera empedernida, se negaba a creer aquel final trágico para el pequeño fantasma. Fueron varias noches en las que salió a buscar a su sobrino.

Una tarde, encontró el cadáver de su hermana. Lleno de lágrimas la enterró en el lugar bajo una pila de piedras. Se acuclilló frente a donde yacía Kioni y sintió que su mundo se venía abajo.

— Lo siento — se lamentó, con el corazón lacerado —. No pude protegerlos.

Cuando sintió que sus esperanzas se reducían al mínimo, y sorteaba la opción de abandonar su búsqueda aceptando lo inevitable, escuchó una risa pueril proveniente de una vorágine de maleza cercana. Se acercó con cautela, descubriendo en su interior, una leona acicalando a un cachorro humano, su lengua era la que parecía causarle cosquillas a su sobrino, generando aquella carcajada.

No podía creerlo. ¡Estaba vivo!, y lo más increíble era que una leona lo estaba cuidando.

La madre le gruñó amenazante cuando Mugi extendió las manos para tomar a su sobrino de aquella maraña de cachorros acurrucados. Se detuvo, quedándose inmóvil. No quería lastimar a la leona para recuperar a su sobrino, no después de que haya cuidado de él durante los últimos días. Mugi se acercó con cautela y paciencia, y a pesar de que la leona le gruñó un par de veces, esta dejó que el humano tomara a su cachorro blanco. Pues, era como si supiera que aquel hombre no presentaba ninguna amenaza real.

Tomó al niño y lo abrazó de manera temblorosa contra sí mismo.

— Gracias — dijo en dirección a la leona. Y esta lo miró fijamente, y no despejó sus ojos pardos del par, hasta que desaparecieron de su vista.

Y desde entonces, Mugi cuidó de su sobrino. Se prometió así mismo, esta vez no ser un cobarde, se enfrentaría a la tribu entera si era necesario, pero, no dejaría a su única familia solo. Esperaba ser un padre para el pequeño y que pudiera apoyarse en él.

Por supuesto, los habitantes de la aldea no tomaron la noticia con mucha alegría que el pequeño fantasma haya vuelto a la tribu, pero esta vez, nadie se atrevió a acercarse al pequeño. Un demonio encantador de leones, era algo nunca antes visto y no estaban seguros qué otras cosas aterradoras sería capaz de hacer. Nadie se atrevió a averiguarlo, prefirieron fingir que no existía.

Y así, a quien todos conocieron como Zeru Zeru, creció marginado, los niños huían de él, los adultos lo ahuyentaban o golpeaban para que se alejara de ellos y de sus familias.

— ¡No te quiero cerca!, Zeru Zeru — decían.

— ¡No te atrevas a maldecir mi zamora! — lo amenazaban, a pesar de que ellos le tenían más miedo, que Zeru Zeru a ellos.

Los niños no jugaban con él, los adultos no lo ayudaban si lo veían caer o llorar. Sólo había una persona en la que podía confiar y era su tío Mugi, quien lo había vestido y alimentado durante sus últimos diez años de vida. Y por supuesto, estaba la leona, quien, Zeru Zeru, a veces visitaba en la sabana. Por supuesto, a Mugi no le gustaba mucho la idea de que jugara con aquella leona y sus cachorros, los cuales habían crecido hasta convertirse en adultos. Pero no podía prohibírselo, esa leona lo había salvado, esa leona era su guardián.

Cuando Zeru Zeru cumplió catorce años, fue un día funesto para él. Su madre leona murió. Ya estaba anciana, y era evidente su cercano deceso, pero Zeru Zeru se negaba a aceptarlo.

— Toma. Cúbrete del sol — le dijo su tío, colocando un sombrero sobre su cabeza. Tenía que salir con él, pero ese día había tenido la mente ocupada en un sentimiento de tristeza desgarradora. Su piel se alivió un poco al ser cubierta por la sombra de este. Tenía una maldición: no podía exponerse al sol. Tenía sentido, ya que los fantasmas pertenecen a la noche. Si pasaba mucho tiempo expuesto, le nacían manchas en la cara, ampollas, y de estas salían sangre. Y la visión le quemaba. Había perdido bastante visión, sus ojos estaban como velados por una niebla blanca —. Vivió muchos años, más de los que vive normalmente un león — le dijo Mugi mientras acariciaba su hombro en un signo de consuelo. El hombre lo ayudó a cubrir el cuerpo de la felina con una tumba de piedras y luego lo dejó solo para que llorara, comprendiendo su dolor.

— Alika — la llamó Zeru Zeru al ver a la leona acercarse. La había llamado así porque era la más bella de la camada. Era su hermana, y se había criado junto a ella y los otros cachorros durante su niñez, pero, con Alika siempre había sido más cercano, eran inseparables.

Le acarició el hocico, y la leona recibió los mimos gustosa. Zeru Zeru alejó su mano de ella, cuando Alika saltó asustada y luego se volteó, gruñendo, en dirección a unos árboles.

Allí pudo distinguir a uno de los guerreros que era acompañado por varios hombres que no conocía, y una anciana con ropas muy llamativas. Parecía ser una bruja. Supuso que eran de una tribu vecina. Y desde dónde estaba, pudo escuchar parte de la conversación de ellos.

— ¿Él es el famoso zeru zeru encantador de leones? — preguntó la anciana.

— Lo está viendo con sus propios ojos. Toca a un león y este parece hipnotizado por él. No lo ataca y cumple todas sus órdenes.

— Oh, ya veo. Los rumores eran reales.

— ¡Zeru Zeru! ¡Corre! — escuchó de repente la voz de su tío, quien era arrastrado por dos hombres, este luchaba por escaparse, pero los hombres que lo sometían lo duplicaban en tamaño y fuerza.

— Quiero su piel, sangre y huesos, haré con él las pociones más poderosas.

Y con estas palabras, los hombres que la acompañaban, sacaron de sus ropas grandes machetes. Zeru Zeru abrió los ojos del terror al ver aquellas armas filosas. Su corazón se aceleró y su cuerpo perdió fuerzas. Se quedó, allí, hecho piedra, viendo como los asistentes de la bruja se acercaban a él, blandiendo los machetes en su dirección. Lo desmembrarían.

— ¡No le hagan nada! — gritó Mugi dándole un buen golpe a uno de los hombres. Pero aquella acción, le valió la vida. El hombre que lo sostenía por el hombro derecho, le rebanó el cuello con su machete, matándolo en el acto.

— ¡No!, ¡Mugi! — gritó el fantasma, temblando de la rabia y del miedo.

Alika se interpuso entre los hombres y el niño blanco, impidiendo su ataque. Los hombres se sintieron cohibidos por los enormes dientes de la felina. Lo que les impidió avanzar hacia su objetivo.

— ¡Es increíble!, incluso le ordena a la leona que sacrifique su vida por él — se maravillaba la anciana, excitándose de sólo pensar en las pociones que sería capaz de crear con semejante espécimen —. Maten a la leona y luego tráiganme al chico.

— No, Alika, vete — se preocupó Zeru Zeru, empujándola por la cadera. Pero la felina no se marchó, se negaba a dejar a su hermano a merced de aquellos hombres.

Durante la pelea con la leona, uno de los hombres logró infringirle una grave herida en la pierna de Zeru Zeru, que escurrió sangre hasta manchar la tierra con su color.

— ¿Quién lo diría?, tiene sangre roja — se sorprendió la anciana. Ya que los rumores decían que los zeru zeru tenían sangre de extraños colores.

Ante el grito desgarrador del chico al ser herido, acudieron a escena el resto de sus hermanos felinos.

Todos los presentes se sorprendieron al verse rodeados por media docena de enormes felinos, que los acechaban y gruñían, prometiendo una matanza si no dejaban a su hermano humano en paz.

— Retirémonos — ordenó la bruja, impresionada por aquella escena —. Este es un zeru zeru que está fuera de nuestro alcance.

Y así, temblando del terror por aquella escena fantasiosa, se alejaron, dejando al chico malherido en compañía de sólo los leones.

Se estaba haciendo de noche, así que el joven buscó una cueva donde refugiarse. Alika lo siguió en todo momento y nunca se apartó de él. Se sentó contra la pared de piedra, quejándose del dolor lacerante que le ocasionaba cada movimiento.

Zeru Zeru lloraba de dolor, pero no sólo del que le ocasionaba la herida en su pierna, no, tenía otra mucho más profunda en su corazón y en su mente, al recordar como su tío fue muerto frente a sus ojos. Ahora estaba solo. Nadie iría en su ayuda. ¿Qué sentido tenía volver a la aldea si nadie lo ayudaría? Lo dejarían morir, desangrase en un rincón de la aldea, ignorándole como si no fuera más que… un fantasma.

Pasaron varios días, y la leona hermana se ocupó de darle calor en las noches y comida durante los días. Pero él no podía comer aquellas presas que le traía. Sabía que la carne cruda le caería aún peor en su estado moribundo. Pero, de igual manera, le agradecía el gesto. Ella lo estaba cuidando. Era la única que estaba con él.

Su cuerpo comenzaba a debilitarse, había perdido demasiada sangre. Tenía hambre y sed. Y si bien su herida había dejado de sangrar, esta se había vuelto de un color negra y tenía supuras amarillas. Estaba seguro que ese estado no era nada favorable.

Pasaron varias noches más, y sentía que apenas le quedaban fuerzas para mantener un ritmo constante en su respiración. Algo en él, como una pequeña llama, se estaba extinguiendo. Alika se recostó junto a él, ella lucía algo extraña, entendió de inmediato que estaba preñada por su barriga prominente y en la manera esforzada que respiraba a su lado. Y esa noche, convivió la muerte y la vida en el mismo lugar. Mientras uno moría, la otra daba vida.

Zeru Zeru se aferró a aquella cadena que siempre llevó al cuello. No recordaba a su madre, pero por Mugi sabía que lo había protegido hasta último momento. Una extraña calidez provenía de aquel dije de madera al ceñirlo con su mano. Era como una calidez familiar. Sentía de alguna manera como si tomara la mano de su madre y de su tío Mugi, mientras, daba su último aliento.

El primer aliento se oyó a un lado. Venía en forma de ronroneo mezclado con gruñido. Alika recibió al primer cachorro con un lengüetazo de bienvenida, pasándolo por su pelaje blanquecino. Su primer cachorro había nacido albino.

...


Zeru Zeru (primera parte)

Sus pies corrían velozmente por la tierra, sus sandalias le lastimaban, pero incluso con el dolor lacerante, no se detuvo. Corría, mientras apretaba aquel bulto monstruoso contra su pecho.


Llamó a la zamora. Sentía los murmullos y gritos demasiado cerca.

— ¡Mugi! ¡Ayúdame!

— ¿Kioni? — dijo un hombre saliendo de su choza. Cuando se percató de las antorchas vigías y rastreadoras, no tardó en meter a la mujer al interior de su hogar.

Kioni le mostró aquella aberración que traía entre manos. El laibon saltó hacia atrás, chocando bruscamente con la pared de adobe.

— ¡Por favor! — la mujer lloró desgarradamente — ¡Van a matarlo!

Cuando Mugi se serenó un poco, y le dio una segunda mirada al bebé que traía entre manos, algo en él hizo clic. Buscó entre sus pertenencias, lo tomó en una mano y se acercó a la mujer. Ella tomó la cadena y la miró fijamente.

— ¿Un león? — preguntó extrañada, al ver el dije de madera.

— Tuve una visión hace una semana, donde un niño como un fantasma era protegido por un león. Y desde entonces no he parado un día en tallar este collar.

Kioni, quiso hacerle mil preguntas, pero no pudo, ya que toda la tribu la había encontrado y ahora rodeaba la zamora de Mugi.

—¡Entreguen al zeru zeru!

— Yo intentaré calmarlos — comentó el hombre a la mujer.

Salió de su casa y se paró frente a aquellos hombres y mujeres que estaban alterados.

— Mi tribu, no tenemos que hacer esto.

— ¡Sí, tenemos! ¡Ese engendro es una maldición! — dijo el anciano, quien tenía unas tradiciones muy arraigadas en él, como raíces de un viejo árbol — y tú sabes, Mugi, lo que los zeru zeru hacen a los que le rodean.

— Es cierto que conozco la maldición, pero este niño es diferente. Tuve una visión.

— Lo defiendes porque es el hijo de tu hermana, y el futuro heredero de tu poder — lo acusó el anciano —. No necesitamos un laibon blanco. ¡Buscarás la perdición de nuestra tribu!

Las palabras del anciano enardecieron los corazones de los presentes, quienes gritaron apoyando su causa.

De repente, Kioni pasó corriendo por su costado. Había decidido dejar su escondite, al ver que su hermano no los había hecho entrar en razón.

La turba enfurecida, no tardó en ir detrás de ella.

Kioni se detuvo de súbito, cuando se encontró de lleno con una pendiente. En pocos segundos, se encontró rodeada por toda su gente.

— ¡Kioni!, ¡entrégalo! — mandó el anciano — Kioni, entra en razón, mira nuestras pieles y la piel de ese engendro. Es diferente. Es como un fantasma, blanco como un demonio.

Ella abrazó a su hijito protectoramente. Era un fantasma, pero seguía siendo su hijo.

— Ella también es culpable. Es la madre del demonio. ¡Merece morir también! — dijo uno de los presentes. El anciano pareció meditarlo.

— Alguien que protege a un fantasma, es igual de peligroso que el fantasma — concluyó, y fue un joven guerrero el primero en acometer con su lanza.

Kioni protegió a su hijo, dando su espalda al filo del arma, hiriéndose ella, en lugar de su vástago.

Se escuchó un rugido, que petrificó a los vecinos en el lugar. Kioni, en el suelo, con su bebé llorando a un lado, sacó la cadena que ocultaba en sus ropas y la colocó en el blanco cuello de su hijo.

Y tocando con sus dedos temblorosos el dije de león, pronunció una despedida y una promesa: — Este será tu guardián — y con aquellas palabras escapó su último aliento.

El anciano, al ver que la mujer ya estaba muerta, señaló al engendro blanco.

— Encárguense del zeru zeru.

Pero dicha orden no pudo ser cumplida, ya que el rugido volvió a escucharse, pero esta vez, la fuente hizo acto de presencia, saltando por encima de la pendiente. Una imponente leona rugió enfurecida, era una madre que cerca tenía sus cachorros. Bajó la ladera, y miró al cachorro humano en el suelo, llorando desconsoladamente. Todos esperaron que ella se lo comiera de un bocado, pero esta, sólo se quedó mirándolo fijamente, por segundos tensos que supieron una eternidad. Y sin mucho más, y contra todo pronóstico, la leona se dio media vuelta y volvió a esconderse entre unos matorrales, allí donde se escondía su pequeña familia.

Todos, sin poder creer lo que acababan de presenciar, sintieron temor. Ese engendro no era cualquier zeru zeru, no, este era uno muy temible.

— Ese demonio ha encantado a un león — dijo una mujer incrédula.

— ¿Qué haremos ahora?, no podemos dejarlo vivo.

— Tampoco podemos matarlo — entendió el anciano —. Si vive, traerá desgracia a la tribu, pero si lo matamos… — sintió temor de las consecuencias —. Un zeru zeru tan poderoso, puede vengarse después de la muerte. Después de todo, es la muerte el lugar predilecto para los fantasmas — concluyó y emprendió el camino de vuelta.

Algunos tardaron en seguir los pasos del anciano, pero al final, todos, algunos más tarde que otros, volvieron a la aldea, dejando a la criatura, sola en el frío de la noche.

Zeru zeru siguió llorando, junto al calor del cuerpo de su madre, el cual comenzaba a apagarse con el paso de las horas. Una nueva madre volvió a aparecer a la luz de la noche, al parecer, el llanto del bebé albino no podía dejarla tranquila. Luego de varios minutos de ver al cachorro humano, lo tomó con delicadeza maternal entre sus colmillos y lo llevó hasta su guarida, donde descansaban sus otros cachorros.

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Glosario y significado de nombres

Kioni

Nombre que significa "aquella que ve, que encuentra".

Mugi

Nombre que significa "Aquel que es sabio”.

Alika

Nombre que significa "La más bella".

ZeruZeru

Significa "fantasma o animal del bosque", y es como denominan a la raza albina en África. Son personas marginadas y apartadas de su comunidad, a consecuencia de falsas creencias que dicen ser espíritus que nunca mueren, de naturaleza diabólica, o fruto de un adulterio.

Zamora masai

Los masáis viven en asentamientos llamados zamoras que son círculos de chozas hechas de adobe y ramas para encerrar el ganado. Las chozas se construyen con unos ladrillos preparados a base de excrementos de animales, paja y barro a fin de impermeabilizarlos y endurecerlos.

Laibon

La principal autoridad religiosa para los Maasai y Samburu es el Laibon, que cumple las funciones de médico, adivino, experto en rituales, proveedor de encantos y medicinas y consejero espiritual.

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Escribí este relato para homenajear a aquellas valientes personas que deben enfrentarse a uno de los estigmas más crueles de África. La discriminación y el peligro a las personas albinas es real en aquel continente. La violencia no tiene ni género ni color, sólo ignorancia y maldad. No existen colores ni géneros malos, no nos confundamos, las personas son las únicas que hacen daño sin importar qué, ellas siempre buscarán una razón para herirnos. 
Si les gustaría conocer más sobre los albinos en África les dejo el siguiente documental: https://www.youtube.com/watch?v=mZt8q3ySVN0

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Esta es la primera parte de la historia de Zeru Zeru, aquí pueden leer la continuación del microrrelato y su conclusión: https://librospuenteaotrosmundos.blogspot.com/2022/02/zeru-zeru-segunda-parte.html

martes, 25 de enero de 2022

El examen imposible

Había sólo dos opciones: héroe o villano. Entonces ¿por qué demonios siempre desaprobaba? Algo me decía que de nuevo había fallado.

Snape, el profesor, se paró a un lado, de brazos cruzados. Tomó la hoja de mi prueba y negó con decepción. 

—Señor Wilson, a este paso nunca será ingresado a su propio universo — me reprendió con severidad y luego siguió mirando los pupitres de los demás con la misma dureza.

Cuando recibimos nuestros exámenes de vuelta, miré a mis compañeros.  

— ¿Qué les tocó a ustedes? — les pregunté.

— Villano — dijo el joven Skywalker — y mi universo es Star Wars.

— ¡Suena genial, una guerra en las galaxias! Yo soy el héroe de un libro llamado El Señor de los Anillos. Me pregunto si se tratará de un señor que tiene muchos anillos. No suena muy interesante — dijo algo decepcionado — ¿Y tú?, ¿qué tal te fue?

Bajé la mirada, otra vez había fallado.  

— No te preocupes, Wade, estoy seguro que habrá algún universo por allí que será perfecto para ti.   

— Gracias, Frodo — le agradecí.

— Sí, el enano tiene razón — dijo Anakin.

— No soy un enano, soy un hobbit — le aclaró este, pero ninguno de los dos sabíamos qué era eso.

Y Frodo Bolsón tenía razón. Al final, logré entrar a mi propio universo, pero mi papel era de lo más extraño.    

— ¿Qué diablos es un antihéroe? — me pregunté al ver la calificación sobre el examen.

— Es como un héroe, solo que menos insulso — me contestó el profesor Severus Snape.

— ¡Genial!    

...

Este relato de 248 palabras fue escrito para el "Microrretos: FAN FICTION" de la página: https://concursoeltinterodeoro.blogspot.com/2022/01/microrretos-fan-fiction.html 

viernes, 10 de diciembre de 2021

Una Cálida Navidad

 


Definitivamente, esa familia tiene una cálida navidad. Todos se ven alegres, sus sonrisas lo denotan. Todos ríen a carcajadas, en torno a una enorme mesa familiar, repleta de los mejores y más suculentos banquetes que he visto en mi vida. El tradicional pavo no puede faltar, imperando en la mesa, con su piel dorada y ornamentada con exquisitas especias. Las ensaladas, hay desde saludables a empalagosas, y debo decir que mis ojos se van, sin disimulo, de un plato a otro.    

Mi estómago gruñe sonoramente. Los que me rodean ríen a carcajadas.  

— Todos tenemos hambre — bromea uno de ellos, olfateando el aire, percibiendo la estela del aroma de una cena suculenta.    

Continúo analizando aquella familia simpática, que, evidentemente, son muy felices.

Tienen un enorme árbol de navidad, hermoso y extravagantemente decorado, que combina a la perfección con las luces de colores que cuelgan en la pared y ventanas más cercanas. Ventanas, que dan un cuadro nevado propio de fantasía, a través de sus lúcidos cristales. Los pinos cubiertos de nieve y las calles con velos blancos. Todo es precioso.   

La familia se ha puesto de acuerdo para vestir buzos con motivos navideños que combinen. Una de las niñas tiene estampados de renos, la abuela, con aires modernos, luce una chaqueta de lana blanca nívea, con decorados de copos de nieve. ¿Y la madre?, la madre viste el buzo más divertido de aquella familia, que porta tantos colores y formas en esa lana como le es posible.        

Pero, los platillos y la decoración, no es lo más importante en esa cena, no, lo verdaderamente importante esta noche es el amor y la familia. Eso puedo entenderlo bien con sólo observarlos. En sus ojos achinados y brillosos, en las miradas de ternura del esposo a la esposa, definitivamente llevan enamorados desde hace años, en cómo la nieta le da un abrazo infinito a su abuelo, y este la llena de mimos, y, finalmente, en cómo la hermana mayor, con un carácter servicial, se asegura que nadie fuera lo suficientemente vergonzoso como para quedarse sin comer.       

Es una atmósfera hermosa, envidiosa, cálida. ¡Eso es lo que yo llamo una cálida navidad!, creo que ya lo dije, pero ver como esa familia se quiere tanto… Se ven tan cálidos y felices…, eso hace que un nudo se forme en mi garganta. Y lo entiendo, ya que duele, ya que…

— ¿Cuándo vas a tirarlo al fuego? — mi fuero interno detiene aquella descripción al ser interrumpido por la voz del hombre que me mira expectante.  

Por la impresión, guardo un segundo de silencio, uno que se torna incómodo a medida que el hombre no aparta la vista de mí. Decido responderle cuando al fin pude recuperarme un poco de mis emociones, y ese nudo ya no me molestaba tanto.    

— Sí, ahora mismo lo hago — le aseguro, obteniendo una respuesta aliviada de parte de mi interlocutor.  

Antes de proceder, vuelvo a mirar esa imagen publicitaria en la revista, al parecer intentan vender árboles de navidad, o algo así, y sin perder más tiempo tiro la revista, con familia y todo al barril metálico que contiene un improvisado fuego, en medio de una noche fría y oscura. Luego acerco mis dedos, medianamente enguantados, a las llamas. Mis compañeros, sucios y mal vestidos, tiritando al castigo de la noche, me imitan. Siento como la piel de mis dedos queman. Esa será la única calidez que sentiré en esta noche de navidad.    

 


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Este relato fue escrito para el "CONCURSO DE RELATOS, XXIX Edición: CUENTO DE NAVIDAD de CHARLES DICKENS". 
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Luego de terminar de escribir el relato, y me quedara con un final tan sombrío y melancólico, me pregunté: ¿cómo diablos haré para desearles una feliz navidad con esta historia tan cruda?, mejor dicho, ¿está bien que les desee una feliz navidad?, y la respuesta es un rotundo sí, pues, y como dice el protagonista de esta historia: “los platillos y la decoración, no es lo más importante en esa cena, no, lo verdaderamente importante esta noche es el amor y la familia”, así que amen y usen estas fechas para ser felices y hacer el bien.

Por último, quiero recomendarles una película que fue algo de inspiración para este relato: Tokyo Godfather. Se trata de una animación japonesa, dónde los protagonistas son tres indigentes que encuentran un bebé abandonado en la noche de navidad. Realmente, no tiene desperdicio la película, ya que es una opción diferente en el largo repertorio de películas navideñas, y, definitivamente, merece la pena darle una oportunidad.       



Un saludo y felices fiestas.