Una recopilación de 12 cuentos donde los monstruos son protagonistas de las más escalofriantes historias.
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miércoles, 15 de febrero de 2023
Relatos de Monstruos y Criaturas Indeseables
Una recopilación de 12 cuentos donde los monstruos son protagonistas de las más escalofriantes historias.
sábado, 4 de febrero de 2023
El monstruo que vive muerto
Algunos
me llamarían “zombi”, pero no es un término que nos guste mucho a los de mi
especie. Y como el siglo veintiuno fue el siglo de los derechos humanos; el
siglo veintidós, lo es de los no-humanos. Cuando el congreso presentó el
proyecto de ley, mi raza no esperó mucho para abogar por nuestros derechos como
no-vivos. Algunas de las cláusulas que más nos alegraron fueron: “Será
reprimido con multa o tres años de cárcel al que llamare a los no-humanos por
apelativos despectivos o de carácter discriminatorio, tales como: no muertos,
zombis, carne muerta, olorosos, etc.”. Fue así como se cambiaron términos como
“no muertos” por “no vivos” o “resucitados”. Todos coincidimos que la palabra
“muerte” y sus derivados pueden dañar la susceptibilidad de varias no-personas.
Para evitar eso, es mejor desaparecer ciertas palabras de nuestro vocablo
diario. Otras de las leyes que nos benefició como especie fue la que dicta:
“Toda empresa estatal, pública o privada debe habilitar tres cupos, como
mínimo, reservados para no-personas”.
Así que,
gracias a esa nueva ley, es que me encuentro ahora mismo frente a un
escritorio. Podría decirse que evolucioné de no-persona a esclavo del sistema.
Paso enormes cantidades de tiempo trabajando, al igual que mis compañeros no
vivos. Varios nos quejamos al respecto, ya que nuestras jornadas constan de más
de setenta y dos horas de corrido, sin recesos para comer o descansar. “Los
no-humanos no duermen”, respondió nuestra jefa ante nuestro reclamo por
descanso. “Los no-humanos solo se alimentan una vez cada siete días”, refutó
también ante la queja por nuestro inexistente almuerzo diario. Por supuesto, la
denuncia ante las autoridades no llegó a ningún lado, ya que es científicamente
comprobable que, efectivamente, no dormimos y sobrevivimos consumiendo un
cerebro hasta la próxima semana.
¿Qué por
qué no renunciamos si nos explotan laboralmente? Pues muy simple: ¿con qué
vamos a comprar nuestros cerebros para la cena semanal si no trabajamos?
Nuestros ancestros se alimentaban a la “antigüita”, cazaban algún humano y
saciaban su necesidad en el momento; pero, si queremos pertenecer e integrarnos
a la sociedad, debemos seguir las reglas y comprar nuestro alimento y no
cazarlo como meros animales salvajes.
—Jhoni,
no te veo tecleando —me espanto al escuchar una voz gruñona detrás de mí—. Está
bien que tengas medio cerebro, pero esa no es excusa para holgazanear en el
trabajo.
—Lo
siento, jefa. Ahora mismo vuelvo a trabajar —Reanudo el movimiento torpe de mis
dedos sobre el tecleado. A los no-humanos nos lleva el doble de tiempo que los
humanos, gracias a nuestras dificultades motoras, escribir en el maldito
teclado del computador. Por supuesto, como no necesitamos dormir, recuperamos
el tiempo perdido durante la noche cuando nuestros compañeros humanos duermen
en sus casas.
Mientras
intento no atrasarme en el trabajo, mi medio cerebro no puede dejar de
pensar. Pensar…, uno de los pocos rasgos humanos que aún conservamos.
¿Por qué
se siente como que algo no está bien? Es como si los humanos nos hubieran
tendido una trampa, ¿es verdad o es mi imaginación? ¿Acaso nos endulzaron con
palabras bonitas y solo nos estaban utilizando para sus sucios intereses?
Antes, antes… éramos distintos, pero las cosas se sentían reales y correctas.
¿Era mejor la no-vida que teníamos antes a esta? Tal vez, ser zombi no tenía
nada de malo y nos hicieron creer que sí. Tal vez nosotros…
—¡Jhoni,
te estás dispersando de nuevo! ¡No me hagas reportarlo al Ministerio! —Abro los
ojos ante su amenaza. Si los no-humanos subversivos tienen más de tres
denuncias al Ministerio de Derechos No-Humanos, puedes perder tu ciudadanía por
considerarte inadaptado para la sociedad. Y eso significaba perder tu trabajo y
ya no ser recomendado en ningún otro. Y, en el peor de los casos, puedes ser
desterrado de la sociedad y devuelto a la vida salvaje.
—Lo siento, jefa, lo siento. No volverá a suceder.
martes, 24 de enero de 2023
Los trabajos y los días
Mi amo se encuentra recostado sobre su silla con un gesto melancólico. Su esposa ha ido a la casa de su madre de visita. No es la primera vez que la señora visita a su madre, pero el amo parece no poder acostumbrarse a la ausencia de ella.
Sumamente preocupado, me acerco a mi amo
para consolarlo. Su sonrisa me indica que ha mejorado su humor, y yo estoy satisfecho
de serle útil. A mi lado, uno de mis hermanos también reclama los mimos del amo,
así que opta por apapacharnos a los tres.
—Buenos chicos… —nos halaga y luego se
incorpora de su asiento—. No importa lo mucho que la extrañe, los días siguen su
rumbo y el trabajo sigue acumulándose. Bien, volvamos al trabajo, chicos.
Puede que sea una mascota, pero eso no
significa que no pueda trabajar. Si tuviera que definir nuestro trabajo de forma
simple y precisa sería: perros guardianes. Mis hermanos y yo nos encargamos de asegurar
la entrada de la casa del amo. Nada debe salir ni entrar.
Este día el trabajo estuvo bastante movido,
tuve que espantar a un hombre que decía que su mujer estaba dentro de la casa del
amo. Pero algo me dice que pronto volveré a verlo por aquí.
—Bien hecho, Cerbero —El mejor momento
del día es cuando el amo me felicita por mi buen trabajo—. ¿Cariño?—El amo se distrae
al ver a una mujer con una maleta acercarse por el río en un barco con un anciano—¡Cariño!
¡Te extrañé tanto!
sábado, 24 de diciembre de 2022
Huésped Gatuno en tapa blanda y ebook
Sinopsis
Fui
maldecido por un dios y ahora tengo que vivir como un gato. ¡Por favor, qué
alguien me ayude!
Una noche
loca de borrachera solo pudo terminar de la peor manera. Después de que nuestro
protagonista ofendiera al dios Bocanegra, este lo convirtió en el ser que más
odia. Pero eso no es lo peor, después del incidente, es recogido de la calle
por una chica que está loca por los gatos, y cada día se vuelve un castigo para
él.
Géneros: fantasía,
comedia romántica, metamorfosis
Link de Amazon:
https://www.amazon.com/dp/B0BQ9R68NR
Link de Wattpad:
https://www.wattpad.com/story/186133824-huésped-gatuno-en-físico
Muchas
gracias a todos los que leyeron y aún siguen leyendo Huésped Gatuno, fueron
ustedes los que me animaron a publicar en Amazon.
Les deseo
una muy Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo.
Los amo. 💗
sábado, 17 de diciembre de 2022
Morfeo 1730
Estaba de camino a la casa de mi madre. El GPS marcaba que faltaban treinta minutos para llegar. Conduje de manera automática, pues el camino lo conocía de memoria, siempre las mismas curvas, las mismas casas, los mismos metros. Me dejé abstraer de manera inconsciente en la siguiente clase que tenía que dar. Había fijado fecha de examen y podía intuir, solo por la responsabilidad de los alumnos, que no obtendrían las mejores notas. Mientras pensaba en eso, una melodía que bien conocía sonó rebotando en el espacio cerrado del automóvil.
Era mi madre llamando. La atendí activando el manos libres.
Se oía preocupada:
—Hijo, ¿dónde estás? Me tienes preocupada.
Miré la hora en el tablero: las quince y cuarto. Todavía
faltaban quince minutos para llegar.
Me extrañé por su repentina reprimenda, tan poco propia de
esa mujer. Ella no era esa clase de madre helicóptero, ni tampoco era de las
que se preocupaba sin razón.
—Ve despacio —le pedí, primero necesitaba tranquilizarla—.
¿Qué sucede? No entiendo tu actitud.
—¿Cómo que no me entiendes? Si esto es una broma, quiero que
sepas que no me hace gracia.
—Si es una broma, pues no la entiendo —contesté comenzando a
fastidiarme. Mi madre aún era muy joven como para presentar los primeros
síntomas de la demencia senil.
—Ya son las cinco y media, llevas dos horas de retraso y he
estado llamándote sin cesar estas dos últimas horas y ni siquiera te dignas a
contestarme. ¡Tu madre ya está vieja para que le des estos sustos! ¡Pensé que
algo te había sucedido!
—Ah, ya entiendo, la que está bromeando eres tú. Si recién
pasaron quince minutos desde que salí de... —me interrumpí a mí mismo al
comprobar la hora en el tablero.
Diecisiete y media.
Era imposible, hacía unos segundos lo había comprobado y
eran las quince y cuarto. Y no solo eso, el viaje se había sentido sumamente
corto, como si realmente hubiera estado sentado allí no más de quince minutos
conduciendo.
Una sensación de extrañeza me embargó.
—¿Lucas?, ¡¿Lucas?!
—No te preocupes, mamá. Ya estoy por llegar —le contesté,
intentando mantener la cordura. Estaba comenzando a racionalizar trabajosamente
lo ocurrido y nada tenía sentido.
En el momento que corté la comunicación, mi celular comenzó
a sonar su melodía en bucle una y otra vez. Eran mensajes notificando las
llamadas perdidas de mi madre. Eran más de diez y algunos mensajes preguntando
por mi paradero. Los mensajes acababan de arribar a mi casilla, eran las 17:35,
pero los mensajes notificaban su entrada a partir de las quince y media, y se prolongaban
durante dos horas más.
Bloqueé el celular y me obligué a concentrarme en la
carretera. Apreté el volante con fuerza intentando serenar el temblor de mis
dedos.
Tardé los quince minutos faltantes en llegar a la casa de mi
madre.
—No vuelvas a asustarme así, Lucas —me regañó, pero yo aún
seguía enajenado en una confusión extraña. Algo no cuadraba, algo se salía de
la regla, de la realidad.
Al día siguiente, cuando había llegado el momento del
examen, le solicité a los alumnos que siguieran el típico protocolo de examen.
—Guarden las carpetas en sus mochilas, dejen las mesas
limpias con solo una hoja y un lápiz.
—¿Qué?, no, no es justo.
—Chicos, no hagan un escándalo—les advertí. Solo era un
examen de fracciones.
—¡Profesor, usted prometió nunca tomar examen sorpresa!
—Ginez, el examen fue anunciado la semana pasada, que usted
sea distraído no lo hace un examen sorpresa.
—De verdad usted no anunció ningún examen para el día de hoy
— dijo Sandoval, la mejor alumna del grupo. Que ella hubiera asegurado que no
anuncié el examen con anterioridad, me hizo dudar. Tal vez de verdad me olvidé
de anunciarlo, a pesar de que tenía un recuerdo muy vívido de mí mismo
apuntando la fecha en la pizarra.
No tardé un segundo más en abrir mi agenda para comprobar lo
que mi alumna me decía. Como era un hombre sumamente organizado, allí tendría
la prueba de que, efectivamente, hoy era el esperado examen y no era una
jugarreta de mis alumnos.
Comprobé las anotaciones del día de hoy. No había nada sobre
una prueba de fracciones. Miré la fecha y vi algo extraño, hoy, hoy no era veintitrés.
Busqué en las páginas anteriores, retrocedí hasta una semana
exacta.
Lunes 17
17:30: Examen de fracciones.
No podía creerlo. Esto debía ser un sueño, nada parecía ser
real.
Abrí mi carpeta y allí vi una planilla de notas de aquel
día. El examen ya había sido tomado y las notas plasmadas sobre la planilla.
Era imposible, era un sueño.
Respiré hondo para intentar volver en sí. No quería
preocupar a mis alumnos mostrando una actitud de confusión. Trascurrí el resto
del día como si nada extraño hubiera ocurrido.
Al llegar la noche a mi casa, me quedé sentado sobre el
colchón de mi cama, inmóvil y tétrico, con el pijama puesto, pero los ojos bien
abiertos.
Había algo extraño que se sentía como un sueño y me negaba a
dormirme.
—Abran el protocolo 1730, hay un humano que acaba de
despertar del Morfeo.
—Abriendo el protocolo Morfeo 1730 —secundó mi ayudante
metálico.
—Cada vez sucede más seguido.
—El promedio aumenta un 3,78% de manera exponencial —Dio las
estadísticas con gran precisión. Supongo que ese debe ser un efecto secundario
de nuestros cerebros de calculadora.
—Y seguirán aumentando hasta que logren repararlo, mientras
tanto, activen el somnífero. No podemos dejar que los humanos despierten.
Este relato participa del CONCURSO DE RELATOS 34ª Ed. ¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS? DE PHILIP K. DICK
lunes, 7 de noviembre de 2022
El Rey de la Selva
Soy el terror de la Sabana. Cuando yo llego al lugar, todos
los animales comienzan a correr despavoridos y a gritar llenos de un inefable
miedo que les llega hasta la médula. “¡Auxilio!”, “¡Socorro!”, “El león está
cazando, ¡corran!”, esas son las frases que generalmente llenan el valle ámbar
cuando mi presencia arriba desde el escaso dosel arbóreo.
Y, como en mis anteriores asesinatos, tuve éxito. Una
pequeña gacela, posiblemente con unas pocas horas de nacida, fue lo
suficientemente torpe como para correr en la dirección equivocada. Con un
zarpazo la mandé a la tierra y su cuello se quebró fácilmente entre mis fauces.
Quitarle la vida, sentir su último aliento en mi boca, escuchar el ruido de sus
pequeños huesos quebrarse y la sangre fresca en mi lengua no me espantó, estaba
suficientemente acostumbrado.
Arrastré a mi presa manchando de carmín la maleza que quedaba
detrás. El canto de despedida fue el llanto de la madre de mi víctima y de los
miembros de su manada. Llantos y maldiciones siempre eran lo que seguía a mi
partida.
Caminé y solté la pequeña gacela enfrente de un montón de
ramas viejas y secas. Del interior del improvisado nido, salió un cachorro. Su
madre y sus hermanos habían muerto por el ataque de unos vagabundos que intentaron
hurtar mi hogar. Siempre lamenté llegar tarde de aquel patrullaje. Luego de
ahuyentar a los leones nómadas, este pequeño salió de su escondite para
demostrarme que esos asesinos no me habían quitado todo.
...
Clic aquí para leer más microcuentos con el villano como protagonista.domingo, 16 de octubre de 2022
Próxima Centauri
Huxley desactivó el reactor de su rifle de plasma y procedió a guardar el mismo en el estuche de su cintura. Se limitó a observar el escenario que él y sus compañeros de tropa habían creado en ese planeta: techos en llamas, caminos ensangrentados y gritos de centauris. Los gritos de esa especie no duraron mucho, ya que las llamas se encargaron de acallar sus lamentos.
—Nuestro trabajo ha terminado —dijo el capitán y clavó la bandera de la Tierra entre unas piedras—. Declaro a Próxima b conquistada.
—Recordarán este evento como el día uno de la conquista galáctica. Los humanos no nos detendremos hasta hacernos con cada uno de los planetas habitables de la Vía Láctea —. Todos los soldados, incluyendo Huxley, celebraron con aplausos y vitoreo.
—Soldados, embarquen de inmediato y calibren su navegador hacia la Estrella de Barnard. La conquista recién comienza —ordenó el capitán.
Los soldados no tardaron en subir a sus naves y en obedecer la orden de su capitán, en cada tablero y pantalla resaltaron las coordenadas a aquella enana roja. Todas las naves despegaron del suelo y se elevaron al vacío del éter; todas las naves, menos una.
Huxley dijo una maldición y volvió a girar la llave que encendía el reactor nuclear. No se escuchó ningún ruido ni se vio ningún movimiento ascendente. Bajó a comprobar. No necesitó ver el reactor por segunda vez para entender que se había dañado y había quedado inutilizable.
Volvió a la cabina y envió un mensaje a su tropa, seguramente ya estaban varios años luz de allí, y tardarían un tiempo en volver. Era una lástima, había estado emocionado por visitar la constelación de Ofiuco y ver de cerca a esa especie reptiliana antes de que sea forzosamente extinguida al igual que los centauris.
—Ah, no podrá ser —se lamentó—. Navegador, reproduce los Bee Gees —Huxley le ordenó a su navegador para pasar el tiempo hasta que vinieran por él. Sus compañeros de armas siempre se habían burlado de él por tener un gusto tan obsoleto en música, pero Huxley prefería la voz humana a la de la Inteligencia Artificial.
Huxley salió de la cabina, sus pies pisaron tierra, pero no pudieron quedarse quietos, la música disco era contagiosa, por lo que, antes de darse cuenta, ya los estaba moviendo, y su cabeza se abanicaba al compás del ritmo.
How deep is your love, how deep is your love?
I really mean to learn
Huxley detuvo sus pasos y colocó su mano sobre la funda de su rifle al descubrir que era observado. Era un centauri femenino, sus ojos lo miraban fijamente.
Al parecer, había sobrevivido uno.
El soldado estuvo a un segundo de retirar el arma de su funda para efectuar el disparo letal, pero se detuvo cuando la centauri comenzó a mover su cabeza y sus pies imitando sus movimientos anteriores.
La escena, por alguna extraña razón, llamó su atención. Alejó los dedos de su arma, y se quedó allí, inmóvil, viendo qué bien la extraterrestre sabía imitar su baile.
La música seguía sonando, y el cuerpo de Huxley conocía bien cada nota de esa melodía, tanto que era natural para él reanudar el baile de manera inconsciente. Cuando quiso acordarse, Huxley estaba moviendo la cabeza al ritmo de los Bee Gees junto a su enemigo.
'Cause we're living in a world of fools
Breaking us down
When they all should let us be
La centauri caminó hasta él y le tomó de ambas manos, invitándolo a que le enseñara más pasos. Huxley no pudo negarse, y mientras la hacía girar por debajo de su brazo se preguntó por qué diablos estaba bailando con ella y por qué, a pesar de saber que estaba mal, no podía dejar de hacerlo.
Cuando llegó el clímax de la canción dejó de preocuparse por eso, y con una sonrisa sincera, disfrutó de aquella inusual compañera de baile. Ella no era muy distinta a él; pues, de manera irónica, la física del universo se las había arreglado para que todas las civilizaciones fueran semejantes entre sí.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó cada vez más curioso por ella.
La centauri le respondió, pero en su idioma. Apenas pudo rescatar de sus palabras su nombre. Le supo hermoso al repetirlo en sus labios. Su compañera lo sorprendió besando esos mismos labios que habían pronunciado su nombre. Huxley la alejó impresionado. Ella era su enemiga, y él había participado en el exterminio de su raza. La última centauri se había enamorado de su verdugo.
La música paró de repente y en el cielo se dibujó la estela de varias naves. Huxley sintió verdadero terror, un miedo que ni siquiera había sentido durante las batallas.
—Vete, tienes que esconderte —la centauri no pareció dispuesta a alejarse de él, pero Huxley no se rindió y la obligó a esconderse entre los restos de una antigua madriguera.
—Soldado Huxley, disculpe la demora. Pero no podíamos posponer la batalla.
—Se entiende, capitán. La causa siempre será la prioridad —Huxley saludó a su superior.
El mecánico se encargó de arreglar el reactor en unos minutos, minutos que fueron una eternidad para Huxley, deseando que a ningún soldado se le ocurriera comprobar el interior de las madrigueras.
Un cuarto de hora después, Huxley se elevaba por el cielo de Próxima b, sin poder despegar los ojos de aquella aldea destruida.
—Navegador, ¿cuándo es mi próximo día libre?
—En quince días solares.
Huxley dejó Próxima Centauri detrás preguntándose si sería correcto volver.
…
GLOSARIO:
Próxima Centauri: Es una de las tres estrellas que conforman Alfa Centauri, un sistema estelar. Es la estrella más cercana al Sol.
Próxima b: es un exoplaneta que orbita dentro de la zona habitable de la estrella enana roja Próxima Centauri.
Estrella de Barnard: es la segunda estrella más cercana al Sol, ubicada en la constelación de Ofiuco.
Vía Láctea: Es la galaxia en donde está ubicado nuestro sistema solar.
La canción que escucha Huxley es Bee Gees - How Deep Is Your Love.
Este relato participa del CONCURSO DE RELATOS XXXIII ED. EL GRAN GATSBY DE FRANCIS SCOTT FITZGERALD








