miércoles, 4 de marzo de 2015

Alas de hadas.

Ámbar era una de las hadas que habitaba el bosque encantado. Junto a sus hermanas aladas se encargaba de dar color y vida a la fauna y flora del lugar.
Ámbar era un hada ambiciosa, anhelaba tener las más grandes y hermosas alas para ver a sus hermanas ser carcomidas por la envidia.  
Ella no quería unas alas comunes como las demás, quería alas que sobresalieran del resto. Sería notable y sus hermanas la alabarían o hervirían de celos.    
En las profundidades del bosque, entre los oscuros y húmedos confines de la frondosidad vivía una bruja, las hadas la evitaban porque le temían, porque cierto es que aquella bruja era muy poderosa, y se decía que usaba magia de orígenes oscuros y malvados.      
Ámbar llevada por su deseo de destacar entre sus hermanas voló hasta la cueva en donde se escondía la bruja.  
La bruja vestía una larga túnica violeta, sus cabellos blancos se ocultaban debajo de un puntiagudo sombrero de plumas negras. Tenía largas uñas negras y ojos misteriosos.
Ámbar no se dejó intimidar por la horrenda apariencia de la bruja, estaba decidida a conseguir sus alas:
_ ¿Por qué me molestas criatura?_ Le preguntó la bruja con una voz muy aguda.
_ Vine a buscarla porque usted es la única tan poderosa para concederme lo que deseo_
La bruja se sintió complacida por sus palabras, la había llamado poderosa, la hizo sentir el ser más fuerte y peligroso de todo el bosque:
_ Y… ¿Que es lo que deseas?_     
_ Quiero las alas más enormes que una vez un hada tuvo_
En el rostro de la bruja se extendió una enorme sonrisa burlona y macabra:
_ Puedo darte lo que quieres, y como me agradas no te pediré nada a cambio como acostumbro_
_ ¡Oh!, Usted es muy amable, no sé por qué las hadas le temen_
_ A veces las personas se dejan llevar por la primera impresión, pero tú no eres así, por eso obtendrás lo que tanto deseas_  
La bruja invitó al hada a entrar a su cueva. Dentro se hallaban un montón de artefactos mágicos y misteriosos: bolas de cristal, varitas mágicas, y un enorme caldero metálico donde en su interior bailaban extraños líquidos espumantes.      
La bruja se acercó al caldero y metió en su interior distintos ingredientes:
_ ¡Ojos de gato!_ Decía arrojando el primer ingrediente _ ¡Pelos de lobo! _ Revolvió en unos estantes y tomó un frasco con un contenido viscoso _ ¡Saliva de murciélago!, ¡Que se cumpla tu deseo!_     
La bruja revolvió el contenido con una cuchara de madera y le dio al hada de tomar de la sopa mágica.
El hada sorbió de la cuchara aquel líquido espumante, tenía un sabor repugnante y agrio.
Pasaron unos segundos y las alas de Ámbar comenzaron a crecer, crecieron y crecieron, se volvieron enormes, cinco veces su tamaño.
Al verlas el hada rió satisfecha. Le dio un abrazo a la bruja y agradeció por ellas:
_ Son hermosas, gracias, infinitamente gracias_
_ Ve y presúmelas_ Le dijo la bruja despidiéndola.
Y eso mismo hizo Ámbar salió de la cueva a toda prisa probando sus nuevas alas, ya quería ver la cara de sus hermanas cuando la vieran volando con semejantes alas.
Sus alas eran enormes y pesadas, le costaba mucho aletear, ya no era tan rápida como antes, y llegó a la aldea mágica donde vivía con sus hermanas muy agotada por todo el esfuerzo que tuvo que realizar para aletear.   
Las hermanas cuando la vieron dieron largos suspiros de admiración, nunca habían visto alas tan grandes.
Ámbar no oculto su felicidad y su vanidad cuando recibía todos aquellos elogios, le gustaba sentirse superior y ser el centro de atención.
Pasaron algunos días, y se dio cuenta que las tareas que hacía antes con mucha facilidad, ahora con sus nuevas alas le llevaban más del doble de tiempo, se había vuelto muy lenta para volar, y casi no podía caminar, eran muy pesadas las alas para llevarlas a la rastra.  
Había momentos en los que se preguntaba si todo aquel esfuerzo innecesario valía la atención y admiración que recibía por sus alas.  
Una mañana Ámbar encontró un pichón de colibrí perdido, se propuso cuidar de él, ya que por sí solo el pichoncito no podría sobrevivir.   
Lo alimento y le enseño a volar, y el colibrí nunca se fue de su lado, se había encariñado con el hada.   
Cuando el invierno se acercaba una tormenta azotó la aldea mágica.
Todas las hadas volaron a refugiarse de inmediato, pero Ámbar no pudo escapar, sus enormes alas fueron atrapadas por el viento, atrapadas como las velas de un barco, así el viento se la llevó violentamente estrellándola contra un árbol.
Ella se desmayó al instante del golpe, y despertó horas después rodeada por sus hermanas:
_ ¿Qué pasó?_   
_ Tus alas eran muy grandes y el viento las envolvió_ Le respondió una de las hadas mientras le señalaba sus alas.
Ámbar giró la vista y vio el desastre que eran sus alas, estaban todas rotas, inservibles. Perdió lo que ella por tanto tiempo había añorado.
Lloró sin consuelo alguno. Ya no volvería a volar nunca más, el resto de su vida tendría que caminar, lo cual es muy difícil para una pequeña hada que vive en el bosque.
Ya no podía ayudar a sus hermanas en el bosque, solo se sentaba encima de las setas a observar como ellas trabajaban y se divertían en el aire.  
¡Qué tonta había sido!, ¡Por querer resaltar entre sus hermanas había perdido lo indispensable que la hacía hada, sus alas!, ¡Un hada sin alas no es un hada! Estas cosas lloraba y gritaba melancólica. No había consuelo para tan grande dolor.   
El colibrí que ella había rescatado nunca se fue de su lado, la ayudaba en todo lo que podía, pero no era suficiente. Entonces pensó en una solución. Le pidió a las hadas que armaran con ramas y cordones una silla de montar, se lo calzó sobre su lomo y voló a encontrarse con Ámbar.
Ámbar cuando vió lo que sus hermanas habían construidos volvió a llorar, pero no de amargura, sino de felicidad, podría volver a volar, pero no con propias alas, montaría al colibrí en su lomo y él la llevaría a todas partes.
Abrazó fuertemente al colibrí, un verdadero amigo, y a cada una de sus hermana, y se disculpó por haber querido superarlas y sentirse más poderosa que ellas.

Ámbar pudo volver a volar y a realizar las tareas en el bosque que había dejado. Y nunca más dejó que la vanidad y la ambición reinaran en su corazón.       
    

8 comentarios:

  1. Al final aprendió la lección. Por querer destacarse entre las demás y por dejarse llevar por su ambición perdió sus alas. Si no fuera por su amigo, el colibrí, nunca volvería volar.

    Precioso cuento. Ideal para los niños. Estoy seguro que para ellos escribiste este cuento. Si es así, eres muy tierna. Je, je, je, je. Hasta la próxima. ¡Saludos!

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    1. Jajaja gracias..la verdad me gusta explorar muchas tematicas y publicos...Un saludo

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  2. Es una historia preciosa, rectificar es de sabios.
    Besos !!!

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    1. Gracias por leer mi relato y comentarlo. Un abrazo. :)

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  3. ¡Hola!

    Vaya, qué historia más bonita! Al principio pensé que la bruja le iba dar unas alas de lo más feo, pero mira por donde cumplió con su promesa, jejeje Pero de poco le sirvió llenarse de vanidad...

    Una historia muy bonita y con un final que me ha robado la sonrisa ;) ¡Lo comparto!

    Estaré más atenta a tus historias, esta es la primera que leo y me ha gustado :D

    ¡Saludos! ^^

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    1. Bienvenida a mi blog!!

      Es un gusto recibir sus comentarios.

      Desde ya muchisimas gracias por leer mi cuento y comentarlo.

      Un saludo :)

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  4. gracias por compartirlo.
    https://www.youtube.com/watch?v=dNo687u76vM&list=LLtY2stVaSA2VTQNKMODzHbQ&index=64

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    1. Muchisimas gracias por el video!!!

      Hace mucho tiempo que he intentado colocar el guion de diálogo pero no sabía como.

      Desde ya gracias por leer.

      SALUDO! :)

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