jueves, 23 de abril de 2015

La encantadora de serpientes


                Las aguas costeras se agitaron con violencia. Las olas golpearon las rocas como latigazos. Un cuerpo escamoso se batía en la costa. Era una enorme serpiente marina, de preciosas escamas purpuras que relucían brillantes contra el sol. 
                La serpiente levantó su cabeza encrestada del agua y con sus poderosas fauces envueltas en filosos dientes envistió de un salto la ciudad costera.
                Los lugartenientes corrieron para alejarse de la furia del animal. Pero no todos lograron esquivar su pesado cuerpo serpentino o los edificios que se derrumbaban a la fuerza de la criatura marina.  
                Mucha gente murió de forma horrible.  
                El gobernador miraba el sangriento espectáculo desde el balcón del ayuntamiento. Le afligía aquella situación, y no sabía qué hacer al respecto:
                ― ¿Señor?― Lo llamó un anciano ligeramente encorvado.
                ― ¿Quién es usted?― Le preguntó el gobernador. Nunca había visto aquel hombre en su vida.  
― Un habitante al que le gusta viajar― Le respondió ― Y en uno de mis viajes hacia el Asia he visto como los hombres hipnotizaban a las serpientes con la música de una flauta.
― ¿Los encantadores de serpientes?― Dijo pensando en voz alta. El gobernador tenía mucha cultura mundial y sabía muy bien quienes eran esos encantadores de serpiente.
El gobernador entró en la sala del ayuntamiento donde tocaba una banda musical interpretando exquisitas piezas de obras clásicas. Se dirigió al flautista:
― Tu ciudad te necesita― Dijo tomándolo por los hombros para darle aliento ― Como en el Asia un flautista encanta una serpiente, tú hipnotizaras de la misma forma a la serpiente marina que nos acecha― El suelo tembló ligeramente. Seguramente obra de la bestia.
La serpiente había saltado sobre la ciudad aplastando con su pesado cuerpo purpureo las calles y casas que quedaron bajo su peso. Abría sus enormes fauces para engullir de un bocado los caballos de los lujosos carros:
― Ten cuidado― Le dijo tiernamente la violinista, su compañera en la banda. Eran grandes amigos desde hacía muchos años.
El flautista le dio un pequeño abrazo de despedida. Podía no volverla a ver más después de lo que haría. Pero valía la pena, era la única posibilidad de alejar a la bestia de la ciudad.
El flautista caminó hasta la cima de una roca, donde el gobernador le explicó cuál era el plan: 
― Tú atraerás a la serpiente hasta aquí con tu música, donde la esperaran dos ballestas ― Dijo señalando dos enormes ballestas de madera posicionadas fijas en la costa.
El flautista no hizo más que asentir a todas las indicaciones del gobernador.
Cuando ya recibió todo el instructivo, el gobernador se alejó escondiéndose con los tiradores de las ballestas, para esperar que la bestia marina hiciera su aparición. 
El flautista interpretó una melodía que invitaba a bailar. Pero no era el baile la intención de esta pieza musical, sino atraer la atención de la serpiente gigante.    
Y funcionó, porque la serpiente se deslizó de vuelta al mar y nadó en dirección al flautista. A unos metros del músico se alzó imponente, llenando el cielo de reflejos purpúreos. Su mandíbula se balanceaba al compas de la melodía como si estuviera bailando. Dejando así su pecho fuera del agua, al descubierto.           
Fue el momento indicado para actuar. El gobernador dio la señal y las ballestas dispararon dos enormes lanzas metálicas en dirección a la bestia. La bestia tenía reflejos agiles y antes que las lanzas llegaran a ella las esquivó con destreza.   
La serpiente se enfureció, comenzó a agitar su cuerpo con fiereza. Con su poderosa cola destruyó las ballestas de un latigazo y con su enorme boca se tragó al flautista de un solo bocado. 
La serpiente volvió a subirse por la ciudad y paseó con movimientos serpentinos sobre las calles destruyendo con ímpetu todo lo que se imponía a su paso.     
La bestia plantaba el terror a su paso. Dejaba familias sin casas, maridos sin esposas, niños sin padres. Era una escena envuelta y saturada por el terror. Por las calles se oían los gritos desesperados y por detrás los gruñidos fieros del enojado animal.
De repente escuchó una melodía que la calmó, relajando sus músculos, uno por uno. Era una melodía bellísima y tranquila.
La bestia siguió el relajador sonido encontrándose a la violinista tocando su esplendido violín sobre la cima de otra roca. La rodeó delicadamente con su poderoso cuerpo apreciando la tranquila música que tocaba para ella.   
La mano de la violinista paseaba a la perfección el arco sobre las gruesas cuerdas del instrumento mientras que de sus ojos caían amargas lágrimas. Lloraba la muerte de su amigo, el flautista.
Rozaba de forma profesional las cuerdas, generando notas dulces de ensueño que llamaban a relajarse. Una canción de cuna.
La calma fue remplazada de forma brusca por la ansiedad, la ansiedad de huir. Del violín se encapaban notas rápidas y agitadas que invitaban a los presos de los teatros a fugarse de sus prisiones. De la misma manera el corazón de la bestia se inundó de inexplicable agitación. Dio varias vueltas sobre la roca y se lanzó al piélago alejándose de la ciudad. Huyendo perseguida por la canción de fuga.   
Cuando la violinista volvió a la ciudad se encontró con el más horrendo de los espectáculos que alguna vez sus ojos encontraron. La ciudad estaba destruida. Más de la tercer parte de las casas derrumbadas. La muerte se sembraba por los anchos de las calles. Horror y más horror.
El gobernador la recibió con un apretón de manos:
― ¡Gracias!, eres la salvadora de la ciudad― Le dijo risueñamente presionando sus manos con fuerza en forma de gratitud. 
― No he salvado nada, la ciudad está destruida― Le dijo bajando el rostro de forma resignada.
― No hay nada que no se pueda arreglar, tardara un poco, pero en unos años la ciudad volverá hacer la misma de antes―Le dijo el gobernador  embozando una amplia sonrisa.  
― La muerte no se puede arreglar― Le dijo pesadamente pensando en todas las muertes ocasionadas en manos de la bestia.
― Es cierto, no las podemos recuperar, pero si recordarlas, nunca olvidaremos las muertes de hoy. Además recordaremos que los que estamos vivos es gracias a ti, fuiste la única capaz de desacerté de la bestia. Te debemos la vida.    
La violinista dibujó en su rostro una tenue sonrisa. No habían muerto todos, gracias a que ella actuó a tiempo. Y los que quedaron restaurarían la ciudad honrando a los que cayeron valientemente.    
     


     

11 comentarios:

  1. Me gustó el relato. Y me anticipé a lo que iba pasar, porque dejaste interesantes pistas.
    Creo que el flautista falló, porque aceptó atraer a la serpiente para que fuera destruía. Y la ira que sintió la serpiente tal vez le impidió apreciar la música. Tal vez su paso destructivo se deba a reiterados intentos por destruirla.
    La violinista no pretendió que fuera destruída, le trasmitió la emoción que sentía por la muerte del flautista. Tal vez por eso, la serpiente no quiso matar a nadie.
    Por eso se salvó gran parte de la ciudad.

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    1. Muchas gracias por leer. Me alegro que le haya gustado.

      Muchas gracias por su analisis. Es cierto, la violinista le transmitio por medio de la música su dolor (la música actua de forma comunicativa)

      Muchas gracias por su visita al blog.

      Un saludo :)

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    2. Gracias por leer. Me alegro que te haya gustado mi relato. UN SALUDO

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  2. Lindo cuento aunque también algo triste. Se dice que la música amansa las bestias y ésta no fue la excepción, aunque también puede que se deba a que percibió el lamento de la música de la violinista, la cual estaba triste por la muerte de su amigo y por el sufrimiento que padecían los demás por las muertes de sus seres queridos.

    Quizá eso fue suficiente para que la bestia se diera cuenta del sufrimiento que causaba y se marchó. Además ella no debería estar tan triste porque como actúo a tiempo salvo a las personas que quedaban y éstas siempre recordarán a los fallecidos; si la serpiente hubiera arrasado con la ciudad nadie los recordaría.

    Que tengas un lindo día, compañera. ¡Saludos!

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    1. Gracias Nahuel por tu lectura y analisis :P

      Muchas veces uno espera más de lo que pudo lograr y por eso se lamenta. Pero en fin es importante hacerlo tarde que nunca. O simplemente hacerlo.

      Un abrazo :)

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    2. Tienes razón. ¡Ah, sí! Se me olvidó remarcarte algo (tuve que escribir dos veces el comentario porque no se publicó y me olvidé de esto). Mira esta oración: "La calma fue remplaza de forma brusca por la ansiedad, la ansiedad de huir." Creo que te comiste la última sílaba de "remplaza", supongo que era "remplazada". No es nada grave pero me hizo ruido la leerlo.

      Ahora sí, me despido. ¡Un abrazo!

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    3. Jaja es verdad.. no me había dado cuenta y eso que lo relei varias veces antes de subirlo...jaja

      Gracias x el detallito, ahora lo arreglo. SALUDO

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  3. La violinista tuvo éxito porque transmitió con su música, lo que sentía con el corazón. El flautista sin embargo, sólo intentaba cazarlo. La bestia debió percibir en la música de ambos sus anhelos.

    Saludos.

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    1. Muchas gracias Jose Baena por leer y comentar.
      Me alegro que te haya gustado. La música extresa los sentumientos.
      Un saludo :)

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