lunes, 15 de agosto de 2016

El Emisario de la Muerte



                Poseo un trabajo muy particular. Es bastante agotador, ya que me mantiene ocupado a tiempo completo. Manteniéndome viajando por cualquier parte del mundo, haciendo de todas las personas mis clientes, incluso animales y vegetales no se pueden salvar de mi laborioso oficio.     
                Me visto con mi traje negro y galera brillante, llevo un maletín con mis instrumentos y paso el día recorriendo las calles, visitando casa por casa, desde una mansión hasta un pensión. Un reloj de arena es mi herramienta más útil, con ella puedo medir la deuda vitalicia de cada alma y cuerpo.      
                En fin, mi trabajo se trata de pintar una cana por aquí, una cana por allá, dejar algunas cabezas calvas, marcar arrugas en pieles tersas, dañar los ojos de vistas perfectas obligándolos a llevar anteojos con gruesos vidrios, bajar el volumen de los oídos oyentes, romper algunas caderas, oxidar articulaciones para obligarlos a andar con la ayuda de un tercer pie de madera. Ese tipo de trabajo. Parece fácil, pero no lo es. Debo dejar aquellos mensajes, plantados donde más tarde la muerte arribara.   

                Suelo tener muchos nombres, algunos me llaman embajador de la muerte, tiempo, destino, o simplemente vida. Pero la verdad es que no soy más que un simple emisario, que lleva el mensaje de su empleador, sólo eso.              

4 comentarios:

  1. O tal vez sea la muerte que le encanta preparar a la gente para su inevitable final... lo que da a entender que la muerte tiene problemas de personalidad o es bien sádica. Je, je, je.

    Estupendo e intrigante cuento. Se te extraña un poco. Que tengas una buena semana. ¡Saludos!

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    1. Sí, estuve bastante tiempo ausente por tener que estudiar para unos examenes, pero ahora que estoy libre voy a retomar el blog y los Gens, que hace mucho que no lo actualizo.

      Gracias por leer. Un saludo.

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  2. Creo que este mensajero merece una buena lección. Que alguien le diga lo que piensa de su actividad tan desagradable, tan destructora. Tal vez peor que de la muerte.
    Bien contado.

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