viernes, 17 de julio de 2015

La ciudad de las luciérnagas.



                La lluvia saltaba al tocar la acera, rebotaba como un saltamontes al aire.
“¿Qué será aquella luz?” se preguntaba la niña mirando con sus pequeños ojos a través de la ventana.  
Las profundidades del bosque se iluminaban como arbolitos de navidad, habían luceros que bailaban y titilaban al compas de la melodía de la lluvia.   
La pequeña entornaba los ojos con ganas, intentando enfocar su vista sobre alguna de aquellas luces saltarinas, pero le era imposible, la distancia le perjudicaba saber que era aquello.
Pasó una hora y la lluvia cesó en su caer, la niebla se hizo presente, se elevaba por encima del suelo, consumiendo todo aquello que se interpusiera en su camino.
La niña de pelo azabache, dejándose llevar por la curiosidad, tomó una linterna, un paraguas, por si la lluvia volvía, y bajó la escalera haciendo el menor ruido posible, era medianoche, y no quería despertar a sus padres.  
Giró el picaporte, rogando que no rechinara y terminara así con su aventura. Luego cruzó el porche, y cuando sus piecitos desnudos tocaron la mojada tierra, se echó a correr en dirección al bosque.   
Recorrió las espesuras del bosque con la linterna en alto, siempre apuntando al frente. Las luces no estaban por ningún lado. La nena se paró en medio del bosque, mirando a su alrededor: “¿A dónde fueron las luces?” se lamentaba apuntando el haz de luz hacía todas direcciones.
Decepcionada, sabía que su aventura había acabado. Apagó la linterna dispuesta a volver por donde vino, pero al momento que la luz de la linterna murió, el bosque se llenó de luces bailarinas, que saltaban y volaban por la atmosfera juguetonamente.  
El corazoncito de la niña se aceleró con emoción, ante sus ojos se alzaba un espectáculo mágico, parecía que las luciérnagas tuvieran una fiesta.       
La niña las acompañó en su baile, danzó alrededor de los árboles, tarareando una melodía infantil. Las luciérnagas al oír su voz comenzaron a escapar, infiltrándose por las profundidades del bosque.
“¡¿A dónde van?!” gritó la niña, pero las luciérnagas no le respondieron, siguieron alejándose de ella.      
La pequeña no se dio por vencida, las siguió por detrás, corriendo lo más rápido que podía, hundiendo sus pies en la fría y grumosa tierra remojada.  
Las luces la llevaron hasta un claro en el bosque, interceptado a la mitad por un pequeño caudal de cristalinas aguas, que a su vez era rodeado por numerosos troncos muy particulares, estaban talados por la mitad, y en ellos habían cincelado puertas y ventanas que despedían luz. Era una imagen espectacular, que inundaba los ojitos de la niña con ilusión infantil.
Era la ciudad de las luciérnagas.
Ella, sonriente y saltando entre risas, recorrió la ciudad espiando por las distintas ventanas, habían luciérnagas durmiendo, jugando, comiendo, y otras besándose.  
Al final de la ciudad se elevaba una escalera de piedra, que crecía del suelo como si fuera parte de la maleza. La niña caminó por ella hasta llegar a su cima, donde encontró un enorme sauce llorón, qué lloraba lágrimas y agitaba sus ramas taciturnas lentamente, como si todo le apenara. La niña sintió compasión por el árbol llorón, y se acostó a su lado para hacerle compañía.         
Pasaron horas, el día se hizo presente, y una voz familiar despertó a la niña: “¿Por qué te has ido?” le preguntó la madre. “Conocí la ciudad de las luciérnagas” le respondía la niña, quien corría hacia abajo para mostrarle la ciudad. Encontró la ciudad apagada, solo había un par de árboles mal talados, con algunos agujeros, que la madre le aseguró que no eran ventanas, sino aberturas hechas por las termitas.       
La niña volvió a su casa decepcionada, pensando que lo que ella vió anoche, no se parecía en nada a las termitas.  
La siguiente noche, al igual que la anterior, el bosque se iluminó de magia, la niña vió las luces bailarinas a través de su ventana, y entre risas salió corriendo en dirección a la ciudad de las luciérnagas por segunda vez.    




6 comentarios:

  1. Esa niña debe tener bastante imaginación o bien es un fenómeno que sólo unos pocos pueden apreciar. Para su suerte pudo volver otra vez con alegría. Tal vez era real, aunque sólo para ella.

    Lindo cuento, Cynthia. Que tengas un gran y hermoso fin de semana. ¡Saludos!

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    1. O es posible tambien que solo suceda de noche.
      Gracias Nahuel por leer y comentar.
      Buen fin de semana para vos tambien :)

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    1. Muchas gracias Adal, me alegro que le haya gustado :)

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    1. Muchas gracias Misael por leer y coentar, me alegro que te haya gustado el cuento.

      Un saludo.

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