jueves, 12 de febrero de 2015

La Obra de Jennifer

             
 
                Me alejaba de mi pequeña ciudad natal, estaba dispuesta a hacerlo por trabajo, mi ciudad es pequeña y tranquila, tanto que todos nos conocemos.
                Estaba subiendo al avión cuando giro y saludo por última vez a mi familia agitando la mano, no sabía cuando la volvería a ver, podían ser en varias semanas o en varios meses, todo dependiendo de cómo me fuera. Trabajo en una revista de una famosa editorial, todos en la ciudad la leen, yo tengo una sección muy especial, y para mí y mi familia es la más importante, todas las semanas debo escribir una historia, la cual sea tan interesante como para que todos en la ciudad tengan el deseo de leerla.  
                Últimamente, mis obras han sufrido un deterioro de calidad, no he encontrado algo que me inspire a escribir, por eso viajo a la capital del país a buscar aquello que me sirva de inspiración, ya que mi jefe me amenazó con despedirme si no mejoraban mis historias.
                El viaje fue algo costoso, pero valdrá la pena si encuentro lo que busco, ya que podría salvar mi carrera.
Luego del viaje en el avión, me propuse que no perdería tiempo, cada segundo cuenta, no me distraería con otras cosas, solo buscaría una historia que escribir.  
Comencé a caminar y las calles de la ciudad eran muy transcurridas, era la hora pico, me era casi imposible caminar de forma recta, no estaba acostumbrada a tanta gente, me pareció muy inspirador, así que saque de mi cartera el anotador que siempre llevo con migo, uno nunca sabe cuándo puede encontrar algo interesante para escribir, lo abrí, pronto tendría que comprar otro, ya se estaba quedando sin hojas, saque la lapicera de los ganchos del anotador y escribí:
“Una ciudad repleta de habitantes, que caminaban despreocupados por lo que sucedía a su alrededor, solo caminan pensando en sus problemas, y en cómo solucionarlos, ¿Quién era el culpable de tal despreocupación?, no les importaba que por la ciudad donde ellos caminaran estuviera cubierta por una capa de basura, parecía no asustarles que aquella basura podría perjudicarles la salud…”      
Me sentí inspirada, feliz y emocionada, pensé que tenía el principio de mi historia, presentía que esta sería una gran obra, la mejor que escribiría, estaba segura de que esta historia no sería una historia cualquiera, sino que llegaría a tener un significado en la sociedad.
                Cerré mi anotador y pare un taxi, le dije la dirección a la que deseaba ir, era la casa de mi primo, el estaba emocionado de que viajaría, hacia mucho que no nos veíamos, la distancia nos había distanciado, dormiría en su casa hasta que mi historia esté terminada.  
                El taxi paró y observe por la ventanilla la casa de mi primo, hacía muchos años que no la veía, le page al taxi lo que correspondía, y baje velozmente y muy emocionada.
Toque el timbre de la reja y espere, en unos segundo mi primo abrió la puerta, me recibió con un fuerte abrazo y diciéndome todo lo que me quería, desde que éramos pequeños siempre nos quisimos, éramos prácticamente hermanos, ya que ninguno de los dos tiene uno, nos considerábamos más que primos, sino hermanos, lamentablemente sus padres tuvieron que mudarse por temas de negocios y hace diez años que vive en esta casa, actualmente él tiene veintitrés y yo veintiuno, la última vez que nos vimos fue cuando el tenia trece y yo once.    
                Mis tíos me recibieron con el mismo afecto y cariño de siempre, estuvimos un largo rato charlando, me preguntaron cómo andaban todos por allá, mi mamá, mi papá, la abuela, el abuelo, el tío Raúl, éramos una familia numerosa, y muy unida.  
Ellos me contaron anécdotas sobre su nueva vida en la capital, una vida acelerada e intranquila, la vida era muy distinta a la tranquilidad de una pequeña ciudad. Decían que extrañaban la vida de antes, pero era complicado volver, ya que acá le iba muy bien en el trabajo, pero esa vida acelerada los estaba desgastando, siempre con preocupaciones, la inseguridad, me dijeron que era uno de los mayores peligros, no se podía vivir tranquilo, sino que se vivía con constante miedo.             
                Había estado toda la mañana recorriendo la ciudad, tomando notas en mi anotador, me senté en una plaza, y vi algo que me inspiro, era justo lo que estaba buscando, una mujer joven traía en sus manos un pequeño bebe, seguramente tenía unos pocos días de vida, esta situación me pareció conmovedora, digna de retratar en una escritura, la madre se veía feliz y contenta, hacia unos días había dado a luz a su hijo, no hay nada más hermoso que tener a tu propio hijos en tus manos, después de haberlo tenido nueve largos meses dentro tuyo.
                Me sentí tan inspirada que no quería esperar para escribir, así que entre al bar que estaba en frente de la plaza, me senté en una mesa y abrí mi computadora, comencé a escribir sin parar, escribía todo lo que salía de mi corazón, nunca me había sentido así, estaba escribiendo con una pasión enorme, amaba cada palabra que expresaba en la hoja de texto de mi computadora.
                Durante dos horas, escribí sin parar, dejaba escrito todo lo que pensaba, no quería dejar nada fuera, solo me alimente de un café y de una medialuna durante mis dos horas de escritura, cuando creí que mi primer capítulo estaba terminado sentí una satisfacción enorme, era algo que amaba escribir, solo necesitaba de algo de inspiración para crear una de mis obras.
                Guarde la computadora portátil en el bolso, me levante de la silla y me coloque la campera dejando el bolso sobre la mesa, solo pensaba en lo bien que me sentía, no podía esperar a escribir otro capítulo, pero era el mediodía, mi primo y tíos me estarían esperando para almorzar, no los quería hacer esperar.
Me colgué el bolso en un hombro y emprendí camino hacia la salida, pero no pude dar más de dos pasos cuando entran por la puerta dos personas con el rostro tapado por una bufanda y su cabeza cubierta por la capucha de sus camperas, uno de ellos traía una arma en la mano, quede totalmente paralizada, nunca en la vida me había pasado algo así, no sabía cómo debía reaccionar en una circunstancia como esta, las personas, las cuales debo decir eran jóvenes, muy jóvenes, menores de edad, mientras uno pedía la plata de la caja, el otro pasaba mesa por mesa llevándose plata y teléfonos celulares.   
Era una experiencia horrible lo que estaba viviendo, cuando el delincuente llegó a mi sin mirarme ni decirme nada solamente me sacó velozmente y de una forma muy violenta mi bolso, tras esto, los dos salieron corriendo del bar con las manos bien llenas.
Estaba impactada, pasaron unos segundos hasta que entre en razón, y me preocupe, se habían llevado mi bolso, en el cual tenía mis cosas que con tanto sacrificio había conseguido, mi teléfono, mi plata que había ahorrado durante meses para realizar este viaje, y mi computadora, en ella tenía todos los libros que había escrito, me sentía devastada, sentía un dolor en mi interior como si un cuchillo traspasara mi corazón de lado a lado, en unos segundos había perdido todo lo que era para mí lo más importante, había algo que me indignaba, ¿quién les había dado derecho a llevarse de esa forma las cosas que le pertenecían a otros, a otros que con tanto esfuerzo y horas de trabajo debieron soportar para conseguirlo?.  
                Revise mis bolsillos y encontré una moneda, era la última moneda que tenia, y la utilice para llamar a mi primo, le explique lo que había sucedido, y que iría a la comisaria a hacer la denuncia, mi tío dijo que luego de realizarla que lo espere, él me pasaría a buscar en su auto, ya que había perdido la plata para el colectivo, esto era lo que no quería, molestar a mi tío para que me lleve a donde necesitara ir.     
                Cuando entre a la comisaria se me paralizó el corazón al ver a los dos delincuentes que me habían robado, se encontraban sentados, siendo procesados.  
Un policía se me acerca, y señalo a los chicos, ellos me habían robado, me sentí contenta, estaba segura de que recuperaría mis cosas, el policía tomó mi denuncia, pero lo que paso a continuación me dolió más que el robo, como los criminales tenían catorce y el otro dieciséis, no los podían detener, ya que eran “inimputables”, era algo que no comprendía, ellos eran conscientes de lo que habían hecho, y sabían que era algo incorrecto, pero parecía no ser suficientes, ya que ellos salieron de la comisaria antes que yo.
Sentía que vivía una pesadilla, lo que acababa de ocurrir era totalmente incoherente, intente hacer entrar en razón al oficial pero pareció ser en vano:  
_ ¡Ellos son los que me robaron el bolso, ellos lo tiene, no los dejen escapar!_     
_ Son menores de edad, no pueden estar en una cárcel_ Me dijo el policía.
_ ¿Por qué no?... ¡Son delincuentes, y los delincuentes deben ir a la cárcel!_
                Me pidieron que me fuera, y no me dieron ninguna explicación más que esa, la cual no explicó nada.  
                Salí de la comisaria casi llorando, los policías sabían quienes me habían robado y no harían nada al respecto.
                Espere unos minutos en la vereda hasta que mi tío me pasó a buscar en su auto.
                Cuando llegue a su casa mi tía me pregunto como estaba, y no pude aguantar más el llanto, le explique todo entre medio de lagrimas.   
                Habían pasado dos días del robo, y decidí olvidar la historia que estaba escribiendo, y comenzar a escribir otra, la cual demostraría la tristeza y la impotencia que sentía.  
                Comencé a caminar por las calles, buscando mi inspiración, pero algo me llamó mucho la atención, un hombre de más de sesenta años estaba tirado en el suelo tapado solamente por un acolchado marrón, y una guitarra criolla entre sus manos, se encontraba refugiado en la marquesina de un enorme comercio, cantaba con su guitarra siempre las mismas canciones, eran canciones simples, de pocas notas, eran canciones como las que se utilizan para enseñarle a un niño a tocar la guitarra. Se notaba su dolor en su rostro, era un hombre que había sufrido algo insoportable.    
                Mi curiosidad termino venciéndome, y me sentí obligada a  averiguar que le había sucedido a este pobre hombre, no sabía cómo preguntárselo, así que estuve unos segundos formulando una pregunta en mi mente, cuando creí que ya tenía la pregunta correcta me acerque al hombre:
_ Hola…_ Dije para captar la atención del indigente _ Soy Jennifer… soy escritora y ando buscando una historia para escribir, y lo vi a usted y me pregunte si…_
_ ¿Que algo interesante me debe de haber sucedido para estar tirado en la calle?…_ Me interrumpió el hombre.
_ Si_ Le respondí _ Yo sé que no nos conocemos, pero ¿Podría contarme su historia?_
_ Claro_ Me respondió el anciano con los ojos tristes.
                Me senté en un pequeño banquito de madera, saque mi anotador y me dispuse a escuchar la historia del triste hombre:
“Me case joven, con una maravillosa mujer llamada Lucia, a los treinta años de edad tuve mi primer y único hijo, Alejandro, lo adoraba, pasaba horas enteras viéndolo dormir en su cuna de madera. Creció, y a los cinco años quise hacerle un regalo que nos identificara a los dos, yo en ese entonces tocaba la guitarra, y quise regalarle una a mi hijo, yo le enseñaría las notas y los acordes, y más adelante tocaría una canción.        
Pasábamos horas tocando la guitarra, al igual que a mí, a mi hijo le apasionaba la música, tocábamos las mismas canciones, iba lento ya que era muy chico.
La adolescencia fue abundante en amigos, era un chico muy sociable, tenia amistades por todas partes. Pero solo un verdadero amigo tenía, Nacho estuvo con el toda su vida, era nuestro vecino y tenía su misma edad.
Terminó la escuela y se decidió por una carrera, al igual que yo, decidió estudiar el profesorado de música.
Llevaba su guitarra a todas partes, era un magnifico profesor.
Un día nos digo a mí y a Lucia, que había conocido una chica con la que pensaba casarse, yo era muy feliz, no podía esperar a conocerla, nos prometió que pronto nos la presentaría.
El día de mi cumpleaños número sesenta, hicimos un asado en casa, invitamos solamente a los más allegados, quería algo simple a pesar de cumplir seis decenas de años, solo podía pensar que era mucho, mi hijo recién llevaba viviendo la mitad que yo, yo a su edad había sido padre.
MI esposa me regaló un acolchado marrón, que en una esquina decía TE AMO, ella misma lo había cosido, era una magnifica costurera.    
Terminado el asado, los invitados se retiraron, mi señora y mi hijo salieron a despedir a los últimos que quedaban en la puerta, yo sin embargo me tuve que quedar adentro, ya que me llamaban por el teléfono, pero un disparo me obliga a salir, encontrando algo horrible, esa imagen ronda en mi cabeza todas las noches, es lo que me ha amargado la existencia.     
Encontré a mi hijo en el suelo baleado por unos delincuentes, no pude aguantar el llanto, ya que el dolor que sentía era incomparable, sentía que el alma se me retorcía y que el corazón se me cortaba por un cuchillo, lo único que pude ver fue una moto doblando la esquina a toda velocidad, mi señora se acercó a mi llorando y me explicó todo, unos delincuentes quisieron entrar a la casa, pero él se resistió, y por eso lo balearon, Lucia gritó, y le dispararon tres veces, pero ninguna bala la tocó, subieron rápidamente a la moto de la que habían bajado y se fueron como habían venido.
No puedo explicar el dolor que sentíamos mi esposa y yo, llorábamos todos los días, cada rincón de la casa nos recordaba a nuestro hijo, mi esposa enfermo gravemente, el dolor que sentía era intolerable, tanto que su corazón no lo soportó, y a los tres meses me quede sin hijo y sin esposa, todo lo que para mi importaba ya no existía, estaba solo en el mundo, mi casa era mi propia prisión, no podía estar en un lugar que me recordaba a las personas que me habían quitado todo, pensé en irme a otra casa, pero tampoco podía, me ponía triste pensar solo en el hecho que estar en una nueva casa, sería peor, ya que en esta casa estaría solo, sin mi familia, ¿Para que quería comprar una nueva casa si ya no tenía familia?.
Así que lo único que me quedaba por hacer era vivir en la calle, vendí la casa con muebles y todo, lo único que me lleve fue la guitarra de mi hijo, y el acolchado que me hizo mi querida esposa.”
Quede asombrada por la triste historia del hombre, el hombre denotaba una enorme angustia, a pesar de su triste relato, sus ojos no despidieron ni una sola gota de llanto, parecía que sus lagrimales se habían secado de tanto llorar.
La guitarra de su hijo lo alimentaba, con las monedas que recaudaba al repasar las canciones que tocaba con su hijo, y el acolchado de su esposa lo calentaba en las noches frías de invierno, estas cosas le recordaban aquellos hermosos momentos que había pasado junto a su esposa y a su hijo.   
No sabía que decirle, había sufrido en su vida como nadie:
_ ¿Qué pasó con los asesinos?_      
_ Nada_
_ ¿Cómo que nada?_
_ Cómo eran menores de dieciocho años no se los puede hacer nada, seguramente en este momento estarán en la calle asaltando a otra pobre victima_
                Me pareció indignante, los jóvenes roban ya que no se los puede meter en la cárcel, eso aumenta la delincuencia.
                Anote todo lo que el señor me había dicho, estuve una hora hablando, le conté lo que me había sucedido, me robaron las cosas y los delincuentes andan sueltos seguramente robando otros negocios.
                ¿Quién es responsable de esta falta de justicia?
                Volví a la casa de mis tíos, pensando en todo lo que había escuchado, en aquella triste historia, si dependiera de mi, le devolvería la felicidad a aquel pobre hombre, pero yo no podía devolverle a su esposa e hijo, nadie podía, además de escribir su historia, quería hacer algo por este hombre, aun que sea una pequeña cosa para aliviar un pequeño trozo de su corazón roto, pero no sabía qué.
                Pase las notas a la computadora de mi primo, él me la prestó para terminar mi obra, ya que mi computadora seguramente estaba en las manos de algún delincuente, vendiéndola a menos de la mitad de su precio original.
                Cuando escribí la última palabra, pensé que ese no podía ser el final, las historias deben tener un final feliz, aun que en la realidad no siempre las cosas terminen bien, no cambiaria el final de la obra, sino que crearía un final, como ya dije quería hacer algo por este pobre hombre, lo cual será el final de mi obra.
                Comencé a leer mi obra una y otra vez, buscando algo que me diera una idea para ayudarlo, y llegue a una oración que donde me detuve a repasarla:
_ Un día nos digo a mí y a Lucia, que había conocido una chica con la que pensaba casarse, yo era muy feliz, no podía esperar a conocerla, nos prometió que pronto nos la presentaría_ Leía el fragmento de la historia con mucho detenimiento_ ¡Pobre hombre!_ Exclame, no podía dejar de pensar en aquella frase, nunca llego a conocer a la prometida de su hijo, ya que murió antes de poder presentársela.
                Creí que en aquel pequeño trozo de la historia estaba la clave de lo que estaba buscando, así que me dispuse a lograr algo, que trajera aun que sea un poco de felicidad a su penoso corazón. 
                Busque a Nacho, aquel amigo que el anciano había mencionado, amigo de toda la vida de Alejandro, y además mencionó que era su vecino, comencé a averiguar, y encontré la casa del hombre, obviamente vivían allí otra familia, ya que después de lo ocurrido había vendido la casa con muebles y todo.
La casa era hermosa, tenía una media pared de piedras que daban a la entrada de la casa, solo habían dos casas a los costados de esta casa, una era grande y blanca, con rejas negras, la otra era más pequeña, pero tenía unas puertas y ventanas bastantes grandes, me decidí primero preguntar en la casa más grande, toque el timbre y espere unos segundos hasta que salió una anciana:   
_ Hola ¿Aquí vive Nacho?_ Le pregunte a la anciana que seguramente tenía más de sesenta años.   
_ No, vive en aquella casa_ Me indicó la señora señalando a casa de ventanas y puertas grandes.
                Le agradecí y me dirigí a la puerta de la otra casa, pero antes de llamar a la puerta me quede paralizada ¿Qué le iba a preguntar?, ¿y si él no me podía ayudar con la información que estaba buscando?, ¿A quién más le podría preguntar?
                Me decidí a llamar y salió un joven alto:
_ Hola soy Jennifer, busco a Nacho_
_ Si soy yo… ¿Qué necesitas?_ Me preguntó amablemente.
                En ese momento me quede helada, no sabía cómo preguntarle, lo que necesitaba averiguar, era un tema muy delicado y no sabía como el joven iba a reaccionar, pero me arriesgue:
_ ¿Vos eras el amigo de Alejandro?_
_ ¡Sí!, vivía en esta casa_ Decía señalando la casa vecina.
El rostro del joven se transformo al escuchar ese nombre, seguramente le traía recuerdos, los cuales despertaban diferentes sentimientos dentro de él, seguramente felicidad, al recordar los momentos felices y tristeza al revivir en su mente el asesinato de su amigo:
_Era mi mejor amigo, era un hermano para mi_ Decía mirándome muy fijo _ Si lo buscabas a él no lo vas a encontrar, falleció hace unos años, y nadie de la familia vive en esta casa, él padre se fue y no lo volví a ver_
_ En realidad quería conocerte a vos, el padre de Alejandro me contó la historia, y me causó tanta ira, que quise ayudar_  
_ No creo que puedas solucionar mucho, no le puedes devolver la vida a Alejandro y a Lucia_
_ Eso lo sé, pero hay dos cosas que quedaron inconclusas_  
Nacho me miró con los ojos bien curioso, al parecer le interesó lo último que había dicho:
_ La primera es la más complicada, los asesinos están sueltos, no han cumplido la pena que se merecen, ni siquiera han sido llevados ante juicio_
_ Deberíamos hablar con un abogado, y hacerles juicio, si la policía y yo sabemos quiénes son_
_ Y la última puede ser fácil si vos conoces quien era la prometida de Alejandro, Alejandro nunca se la pudo presentar a sus padres, tenía pensado dar un paso grande en su vida y formar una familia, pero nunca pudo ser, ya que murió antes de casarse, era un hombre joven, que recién empezaba a vivir, le faltó experimentar los mejores momentos de la vida, el casamiento, el nacimiento de un hijo, envejecer, tener nietos, y un montón de cosas más que le fueron arrebatadas cuando le quitaron la vida, todas aquellas cosas que tu y yo si viviremos_  
_ ¿Qué te dice que las viviremos? Como le pasó a Alejandro nos puede pasar a nosotros, las calles de la ciudad son tan peligrosas, que vives con miedo a perder tu vida, y cuando te asaltan y te roban algún bien material, pero si no se llevan tu vida te alegras, porque siguieras viviendo hasta la próxima vez que te asalten o te roben _  
_ ¡Pero las cosas no deberían ser así!, ¡Debemos vivir hasta que la naturaleza o Dios lo decida!, no hasta que un mal nacido decida matarte para robarte lo que llevas en la cartera, tu vida es más valiosa que unos pesos, pero parece que para estos asesinos le interesa más lo material que la vida humana, no le dan ni el mínimo de respeto ni valor_
_ Pero que estos asesinos respeten la vida no depende de nosotros, sino de aquellas personas que permiten esto, porque una sociedad justa le daría el castigo que se merecen a las personas que no respetan a las demás, porque o si no se les estaría dando más privilegios e importancia a aquellos ciudadanos que no merecen la libertad, ya que se la han quitado a la gente honesta que va a trabajar para conseguir lo suyo, no como estos que obtienen lo que tienen de los demás_
Lo nuestro parecía una discusión, pero estábamos de acuerdo con lo que decíamos, lo que pasaba es que nos hacia enfadar la situación que se estaba viviendo actualmente, simplemente nos estaban privando de la libertad de vivir, que a todos nos corresponde por derecho.
                ¿Pero quién se haría cargo de devolvernos este derecho que era nuestro?, ¿A caso debía aparecer un libertador?, ¿Qué se levante contra los de arriba, los cuales son los que imponen leyes?, ¿Debíamos esperar a que llegue este tal libertador?, ¿O deberíamos liberarnos nosotros mismos?, Por qué si esperamos que alguien llegue ya podría ser demasiado tarde, y la situación podría llegar a un punto irreversible. 
Nacho y yo decidimos contactarnos con un abogado, el abogado nos explicó que existían leyes que protegían a la víctima, pero que no eran respetadas, fuimos ante un juez y le explicamos lo mismo que nos había explicado el abogado:  
_ Se está protegiendo a los delincuentes, y se estaba dejando de lado a la sociedad que es productiva para el país, no pueden decir que como son menores de edad, son eximidos de responsabilidad penal, pero unos chicos de dieciséis y diecisiete años, son lo bastante grande para saber qué es lo que están asiendo, no asesinaron a Alejandro accidentalmente, presionaron el gatillo del arma con toda conciencia_ El juez me miraba sin decirme nada, yo seguí hablando_ Existen correccionales, que para algo se construyeron, para corregir a los jóvenes que infringen la ley, no se puede permitir que esta gente siga haciendo lo que está haciendo_      
                El juez me miró, parecía que estaba procesando todo lo que acababa de decir, miró a Nacho y luego me volvió a mirar, dijo poco, pero sirvió:
_ Veré que es lo que puedo hacer_
                Una semana después los delincuentes estaban en una correccional, nuestra historia había salido en los diarios y en los noticieros de la televisión: “Delincuentes que mataron a un joven siguen sueltos después de tres años”, “El Estado no protege a sus ciudadanos, solo a sus delincuentes”, y un montón de noticias más, que además de solucionar nuestro caso, solucionó unos cuantos más, la gente fue a quejarse a todas partes, a la comisaria, cortaban calles, no querían más inseguridad.  
                Uno de los problemas había sido solucionado, solo espero que la justicia dure, y no se olviden, y vuelvan a la injusticia de antes, a la cual la sociedad entera se veía defraudada.
                Por suerte Nacho si conocía a la chica, la prometida de Alejandro, su nombre era Clara, me dijo que era una joven simpática, que llenaba de alegría la vida de Alejandro, Alejandro nunca en la vida se había enamorado de la forma de que se enamoró de Clara, decía que cada minuto hablaba de ella, no podía esperar a estar casado con ella. 
                Fuimos a su departamento, ya que Nacho sabia donde vivía, golpeamos a la puerta número cincuenta y dos. Salió una joven de ojos saltones y cabello castaño oscuro, ella era Clara, ya que la joven reconoció a Nacho rápidamente, se saludaron y Nacho me presentó como su amiga:  
_ Pasen, Pasen_ Nos dijo abriendo la puerta para que entremos a su departamento.
                El departamento estaba muy limpio, era una chica ordenada.
                Clara nos convidó un café y le explicamos a lo que en verdad habíamos venido:
_ Venimos por parte de Carlos_ Le dije.
La chica desconocía quién era Carlos, no entendió lo que le decía:
_ ¿Quién?_
_ El padre de Alejandro_ Le respondió Nacho.
Clara me miró fijamente, como si ese nombre le hubiera abierto una herida del corazón que todavía no había cicatrizado, la muerte de su novio le había afectado bastante: 
_ Perdí a la persona que iba a pasar el resto de mi vida conmigo, teníamos pensado formar una familia, lo más complicado es encontrar a la persona que verdaderamente amas, y yo la encontré, pero unos delincuentes me lo sacaron, me sacaron la oportunidad de vivir la vida con él, de reunir nuestro amor en una sola persona, en la posibilidad de tener nuestro propio hijo, que significaría parte de los dos en una persona, pero nunca sucederá eso gracias a estas personas que me lo arrebataron_ De los ojos de Clara brotaban lagrimas de dolor y angustia, Nacho al igual que yo tampoco pudimos aguantar, y algunas lagrimar rodaron por nuestros rostros.
No sabíamos que decir, era un momento totalmente incomodo, su corazón estaba destrozado.
Le contamos la historia de Carlos, el padre de Alejandro, como su mujer murió de tristeza, y él por propia decisión decidió vivir en la calle.
Clara no podía creer todo lo que dos delincuentes habían causado, y de que hubiera tardado tanto la justicia en penarlos. Personas así deben ser las primeras en ser acusadas y encarceladas. 
Arreglamos un encuentro con Carlos, inocentemente aceptó tomar un café en el bar de enfrente con migo y Nacho, sin saber que conocería a Clara.
Carlos estaba muy feliz de volver a ver a Nacho, desde que se había ido de su casa no lo había vuelto a ver.
Durante el café Nacho y Carlos hablaban, charlaban, Nacho le contaba alguna de las travesuras de Alejandro que nunca se había enterado, era un momento que Carlos guardaría en su corazón, porque Nacho le recordaba a su hijo, tenían muchos pensamientos y  gestos parecidos, ya que habían sido amigos desde siempre, y la otra razón era porque estaba por conocer a la prometida de su hijo.
                Entró por la puerta del café una mujer joven, pelos castaños que se movían al ritmo de sus pasos, se acercó a nuestra mesa, observando a Carlos anonadada sin decir ni una palabra, yo me levante de la mesa y la presente:  
_ Ella es Clara_
Carlos la miró, pensó y dijo:
_ ¿No te conozco?, ¿No?_
_ No, era la prometida de Alejandro _ Dijo Nacho rápidamente como si hubiera largado de su alma una palabra que le ocupaba espacio.
                Carlos se queda mudo unos segundos, no sabía que decir ni cómo reaccionar, tenía ante sus ojos a la persona que iba a pasar la vida entera con su hijo, aquella persona la cual Alejandro amaba y quería formar una familia:
_ Yo la busque, pensé que sería bueno para usted conocer a la chica que se casaría con su hijo_
                Carlos abrazó con los ojos llenos de lágrimas a Clara, y luego a mí y a Nacho agradeciéndonos por lo que habíamos hecho,  
Además le informamos que los asesinos ya estaban cumpliendo su condena en la cárcel.  
Su lastimado corazón había encontrado un trocito de alegría, algo por valorar su vida, había encontrado personas que le importaban su salud emocional, yo había hecho lo poco que pude hacer, pero algo, por lo pequeño que sea, es algo.

                Había logrado lo que buscaba, escribir una obra, pero además de eso había realizado otro tipo de obra, yo lo llamaría una obra solidaria, me había preocupado por aquella triste alma intentando sanar su pena, yo creo que si la mayoría de las personas nos ocupáramos por el dolor del prójimo, el mundo no sería el mismo, todos tendrían algo por qué sonreír.       

7 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Linda historia y gran moraleja la del final. Empezó siendo una cosa y terminó siendo otra, aunque la transición entre el principio y el final fue tan bien hecho que no había sobresaltos. Felicitaciones; comparto. ¡Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por leer. Me alegro mucho que le haya gustado el final, la verdad se me hacía muy dificil terminarlo y darle un final que me gustara. SALUDO

      Eliminar
    2. Suele suceder. Hay que encontrarle la vuelta. A veces lleva tiempo y a veces no. Pero al final se encuentra el final indicado y los resultados son buenos. Buenas tardes.

      Eliminar
  3. Me agrada mucho tu espacio , y la forma tan sutil en la que estructuras tu relato.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por leer y comentar. UN SALUDO

      Eliminar
    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

      Eliminar